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Sapos > Francisco Pomares

El Gobierno de Canarias habla por todas sus bocas para condenar los Presupuestos Generales el Estado y presentar las cuentas del 2012 como un atentado contra Canarias perfectamente orquestado por la malevolencia del ministro Soria. Rivero asegura sandungueramente -como suele- que él va a parar estos presupuestos, pobrecito, él, que no es siquiera capaz de parar la atrabiliaria adjudicación de un buen manojo de licencias de radio a su amigo Concepción. Pues nada, esperaremos sentados a que Rivero pare los Presupuestos de Rajoy, mientras su vicepresidente recalcula el agujero en las cuentas propias en torno a los mil millones de euros, lo que supondrá un verdadero desastre en Sanidad y Educación y otros servicios sociales. Un desastre que ambos –Rivero y Pérez- harán pagar a los ciudadanos con nuevas subidas de impuestos y a los funcionarios con nuevas bajadas de sueldos. Lo de las subidas de impuestos es inminente. Quizá se anuncien ya en el pleno del Parlamento del día 11. Las bajadas de sueldo esperarán probablemente a que alguna comunidad del PP empiece a aplicar la medida. Por eso de no ser de los primeros en salir en la foto. Luego, el Gobierno de Canarias aplicará también todos los recortes que se pueda en las transferencias a Cabildos y Ayuntamientos, a entidades y organizaciones. Lo cierto es que mientras hacemos con nuestra propia capa de medidas locales un sayo muy parecido al que está haciendo el PP con las suya, vamos a hartarnos de ese discurso del Gobierno regional, acusando a Madrid de ningunear a Canarias. A los nacionalistas les viene bien apuntar hacia arriba la responsabilidad de todos los males, y al PSOE -que no suele estar en esa clave- le pone ideológicamente señalar al PP como responsable del deterioro de lo público.

Pero lo cierto es que ni Coalición ni los socialistas cuestionan las medidas de fondo que aplica el PP, de hecho, tiran del mismo exacto recetario en las islas, ante idénticas amenazas de intervención. Madrid atornilla las Autonomías, igual que Canarias atornilla a las corporaciones locales. Todos los Gobiernos andan exclusivamente ocupados en salvar su propio trasero a costa del ciudadano. Todos los discursos sobre la crisis que se pronuncian estos días suenan a lo mismo: búsqueda de responsabilidades en el patio ajeno. Quizá por eso despiertan tan poco interés. Este discurso de la afrenta y del agravio, que habría prendido como la pólvora en circunstancias distintas, hoy resulta muy poco creíble. Es verdad que la relación de Soria con Rivero y con el Gobierno que preside es cínica y malcriada, pero eso no pasa de ser otra anécdota más, otro entretenimiento político. Aquí nadie habla de romper las reglas del juego inventado por los mercados, ese juego que consiste en tragarnos uno a uno todos los sapos que ellos criaron.