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Sin la fuente de la vida

La falta de agua ha modificado el modelo de vida de estas familias. / FRAN PALLERO

NANA GARCÍA | Santa Cruz de Tenerife

La crisis económica ha puesto duramente a prueba a la pobreza debido al crecimiento del desempleo. La miseria afecta a las poblaciones más vulnerables de la sociedad y todavía hoy tiene rostro infantil y de mujer. Santa Cruz cuenta con un considerable porcentaje de hogares monoparentales estigmatizados por la discriminación, la violencia doméstica y una pertinaz carga de trabajo.

Pero existen muchas clases de pobreza y cada vez se hace más complejo salir del pozo de la penuria. Este es el caso de tres familias encabezadas por mujeres que viven en un bloque de viviendas del barrio de Añaza que carecen de agua potable debido a que Emmasa (Empresa Mixta de Aguas de Santa Cruz de Tenerife, SA) les ha cortado el suministro por impago y fraude. Sin embargo, como denuncian estas vecinas, la empresa sigue pasándoles los recibos, algunos de ellos por importe de hasta 70 y 80 euros.

Da vértigo pensar cómo a día de hoy en plena capital de la Isla existen personas que carecen de servicios básicos como el agua, especialmente con niños pequeños a su cargo. “Se hace imposible lavar la loza, la ropa, la casa, asearnos y, sobre todo, mantener en condiciones a los bebés”, explica María Reyes Montero, a quien todo el mundo conoce por Nely. Esta situación de difícil solución comenzó “hace unos cuantos años ya”, y en todo ese tiempo sus familias han tenido que adaptarse a un modelo de vida precario, reciclando el agua con que lavan la ropa o los platos para el baño.

Los vecinos llevan 15 años reclamando a EMMASA que les solucione este grave problema en el bloque de viviendas de protección oficial. | F.P.

“Hemos ido a hablar con Emmasa muchas veces para que nos dejen pagar un recibo actual y otro atrasado cada mes y nos contestan que no”, explica María Fátima Delgado Sánchez, una de las afectadas, separada, con siete hijos, quien mantiene con una paga de apenas 300 euros a nueve personas, tres de ellas bebés. Y es que estas tres familias quieren dejar claro que no tienen intención de evadir sus pagos, simplemente solicitan flexibilidad por parte de la empresa suministradora, una excepción que se justifica por especial necesidad. A pesar de los esfuerzos realizados por el área de Atención Social del Ayuntamiento, Emmasa se ha negado con rotundidad a esta posibilidad.

El poco dinero que perciben dos de estas mujeres, cabezas de familia, apenas les alcanza para la comida, la vestimenta y la educación de los niños. “Primero está la comida, mis hijos comen como marqueses”, argumenta con gran sentido del humor Nely Reyes, de 55 y con una enfermedad crónica. “Lo que pido, con todo mi corazón, es que me pongan el agüita, porque mis hijos y nietos lo necesitan”, agrega Fátima Delgado, que es pensionista.

Los vecinos afectados aseguran que lo están pasando muy mal. | F.P.


Con un problema

Esta situación de difícil solución tiene lugar desde hace más de 15 años en un bloque de viviendas de protección oficial de promoción pública, adjudicadas hace 18 años en régimen de alquiler a estas tres familias que ocupan el piso bajo, el primero y el segundo. Sus deudas oscilan entre 9.293., 6.555 y 11.782 euros, con recibos de fraude incluidos, y no pagan el agua desde 1996, 1999 y 2000, respectivamente. En todo este tiempo, estas tres familias han escudriñado múltiples maneras de lograr una mínima cantidad de agua, ese oro líquido, para poder vivir en unas condiciones mínimas de salubridad. “En ocasiones, tuvimos agua de la obra porque los trabajadores nos lo permitían, otras veces la cogíamos del campo de fútbol”, indica Omaira Cristina Rodríguez Hernández, una de las que reside en el segundo piso con varios de sus hermanos. Desde hace tres semanas, cuando técnicos de Emmasa acudieron al bloque para cortar definitivamente el suministro, donde los vecinos habían hecho reconexiones irregulares, acuden de manera clandestina y por la noche cargados de garrafas al manantial de La Esperanza.

A pesar de ello, no es suficiente. “Estamos pasándolo muy mal”, dice Nely Reyes. “Esto es inhumano porque el agua es una necesidad básica”, agrega Omaira Rodríguez.