reportaje> La prevención como herramienta

Sobrevivir a la melancolía

Los hombres tienen una menor capacidad para gestionar sus estados emocionales. / DA

INMA MARTOS | Santa Cruz de Tenerife

Existe pero nadie habla de ello. Esa es la principal característica de un tabú. Y cuando algo no se expresa, no se conoce. La falta de información y los mitos que se levantan alrededor de un hecho tabú impiden su reconocimiento social y, lo que es más grave, su prevención y detección.

El silencio que impera ante un acontecimiento como la muerte violenta por acto suicida fomenta la estigmatización de una realidad que por su crudeza, termina por no afrontarse socialmente con los medios necesarios. Todas las personas piden auxilio ante su sufrimiento, pero el entorno ha de conocer las señales de socorro para poder ayudar. El vacío que deja un suceso así alrededor de la persona fallecida se ve agravado por la sensación de culpa y la idea real o imaginaria de que se pudo haber hecho algo más.

Un suicidio individual afecta íntimamente al menos a seis personas. Si ocurre en una institución educativa o en el sitio de trabajo, tiene impacto sobre cientos de personas. Así se refleja en un informe de la Organización Mundial de la Salud para la prevención de la conducta suicida editado en 2000. Un año antes, ya se alertaba de la importancia de incluir estrategias de detección y prevención de la depresión, principal causante, y el suicidio en los planes sanitarios de los distintos países. Además, desde 2005 se dan recomendaciones de esta institución internacional de incluir el suicidio dentro de las cinco áreas temáticas prioritarias de la salud. Así también, lo reconoce el Pacto Europeo por la Salud Mental, auspiciado por la Comisión Europea. El tratamiento de la información relacionada con los actos suicidas y según palabras de Francisco Rodríguez Pulido, profesor titular de Psiquiatría de la ULL, se ha amparado en el silencio por una “falsa creencia muy extendida en cuanto a la difusión de información sobre personas suicidadas. Se dice que es un comportamiento que puede contagiarse, pero esto no es así. Nadie es capaz de poner ideas en la mente de otra persona, si estas no existen ya, si la persona no está experimentando su propia experiencia”.

Rodríguez Pulido, presidente también de la Asociación Canaria de Neuropsiquiatría, basó su tesis doctoral en el suicidio en Canarias e indica que “se ha de tratar el asunto con naturalidad, transmitir mensajes claros y científicamente validados, siempre evitando el sensacionalismo. Esta práctica puede formar parte de una educación sanitaria general al respecto”. No se ha podido demostrar, indica el profesor, que las noticias que abordan el suicidio generen este comportamiento. No obstante, cuando se trata de un personaje famoso quien decide quitarse la vida, el fenómeno de identificación de los fans con el ídolo de masas, puede generar un efecto negativo al respecto, pero nadie se identifica con alguien que no representa éxito.

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Detección

Todos los grupos políticos del Cabildo Insular de Tenerife apoyaron recientemente la propuesta del Partido Popular que planteó el consejero insular Antonio Alarcó para promover e instar al Gobierno de Canarias a elaborar un plan de asistencia y detección precoz del suicidio.

Dado que son los médicos de Atención Primaria quienes más en contacto están a diario con la población, también son quienes con los instrumentos y recursos financieros adecuados pueden frenar este tipo de conductas en los pacientes que tratan.

El suicidio, según la moción presentada por el senador del PP, provoca en España y en Tenerife más muertes que los accidentes de tráfico (50 frente a 22). Asimismo, Canarias es la séptima comunidad autónoma del país con mayor número de muertes por este motivo.

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Señales

La investigación ha demostrado que entre un 40 por ciento y un 60 por ciento de las personas que cometen suicidio han consultado a un médico en el mes anterior. La identificación de los síntomas por parte de los facultativos puede evitar el fatal acontecimiento. También el entorno puede reconocer algunos comportamientos que podrían hacer sospechar que existe una depresión. Los síntomas se corresponden con los de esta enfermedad no aceptada como tal en algunos ámbitos. La tristeza, patología que no cede con la voluntad, desgana, falta de energía, no disfrutar con nada, falta de concentración, ansiedad, irritabilidad, insomnio, pérdida… Estas son algunas de las características que se han de tener en cuenta. También el alcoholismo crónico está relacionado con el suicidio.

Sergio Rodríguez es médico forense del Partido Judicial de Icod de los Vinos y miembro del equipo de investigación de las conductas suicidas de la Universidad de La Laguna que dirige Pulido. En sus investigaciones Sergio Rodríguez ahonda no solo en las razones que incitan a una persona al suicidio. Además, recoge datos y detalles relacionados con la edad, el género y la prevalencia de muerte o las épocas en las que se dan más este tipo de sucesos centrándose en Canarias. Así, explica que la prevalencia es mayor en hombres que en mujeres y que por ejemplo, los días de la semana en que más suicidios se consuman son los miércoles. Rodríguez indica que un veinte por ciento de personas que se quitan la vida, dejan una nota de despedida. El otoño y el entorno rural son más propicios a estos casos y las formas que se escogen para acometerlos son las que se tienen más al alcance.

La comunicación expresa a una persona cercana de las intenciones de acabar con el sufrimiento, sea por la causa que sea ha suscitado el también falso mito de que “son solo llamadas de atención”, explica Pulido. No es raro escuchar afirmaciones tipo, “si lo dice es que no lo va a hacer”, o “una persona que quiere hacerlo lo hace sin comunicarlo previamente”. Un alto porcentaje de las personas que han llevado a término su suicidio lo habían comunicado en los dos años anteriores. Por otra parte, preguntar a la persona afectada directamente si tiene ideas de terminar con su vida puede ayudar a persuadirla de las mismas.

“Nadie tiene derecho, salvo Dios a decidir sobre su vida”. Si se parte como así lo asegura el psiquiatra Francisco Pulido de que una persona con un sufrimiento extremo, es alguien con la capacidad de libertad mermada, la responsabilidad de sus actos no es tal. En las familias que ha habido algún miembro que se ha quitado la vida, se vive con muchísimo pudor. “Siempre hay una vergüenza y una culpabilización cuando alguien deja a una familia por esta causa”, asegura.

“Las personas en la vida tenemos dos caminos, hacer lo que dicen los demás que debemos hacer o la libertad. Siempre nos movemos en esas dos dimensiones. Con las conductas suicidas, de alguna forma se altera eso que la sociedad no espera que se haga”, explica el psiquiatra y añade que “la decisión está modulada por el sufrimiento”. Así que se puede ver desde la perspectiva del egoísmo aunque también desde la valentía. Esa ambivalencia depende de los contextos, las vivencias y las valoraciones de cada uno. Aunque el psiquiatra apunta que la religión ha sido siempre un factor de protección para el suicidio, así como otros factores que tienen que ver con la afectividad y con disponer de una red social afianzada. Pero ¿por qué unas personas viven los acontecimientos desafortunados con más sufrimiento que otras? Según Pulido, “esto tiene que ver con la capacidad de afrontamiento y la capacidad de integración en la red social. Se es más feliz cuando se vive con sentido de pertenencia y socializado.

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Desesperanza

Si no se crean políticas específicas para evitar el riesgo, el número de suicidios aumentará en los próximos años en personas mayores, debido al envejecimiento poblacional. De hecho, ya en la actualidad, las personas mayores son quienes tienen más a menudo conductas suicidas, junto con los jóvenes hasta 35 años. Este hecho se da más en hombres que en mujeres y no solo se trata de una acto cometido de forma violenta, sino a través del abandono de la propia persona. Descuidar la salud a sabiendas puede considerarse como una forma de adelantar la muerte. Causas similares son las que aumentan las cifras de suicidio en personas que sufren alguna enfermedad grave degenerativa o bien de tipo crónico. El riesgo en estos casos se focaliza principalmente en los dos primeros años tras recibir el diagnóstico.

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