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Tim Geitnher > Luis Ortega

Desde pequeño conservé una fascinación por el gramófono averiado de la RCA Victor y la imagen atenta del perrito blanco y negro, atento al mecanismo amplificador y, naturalmente a la voz de su amo. Llegó más tarde una gramola, un producto evolucionado de la misma factoría y, con él, discos de pizarra, con los mismos anagramas, que todavía conviven en mis ámbitos cacharreros. De modo instintivo, recordé las estampas infantiles ante la foto, exageradamente satisfecha, del ministro Luis de Guindos y el secretario del Tesoro norteamericano Tim Geitnher, después de que el primero hubiera reproducido exactamente las duras reprimendas a la banca española, “sumida en una auténtica locura”. Las palabras del alto cargo norteamericano sonaron como un eco de ante la grave acusación del inglés Adair Turner, presidente de la Administración de Servicios Financieros: “Incentivar a los bancos españoles a tener deuda pública de España es la mayor locura que podría haber sido creada”. De Guindos, que fue el hombre de confianza de Lehman Brothers en nuestras latitudes, ahora trabaja para remediar los males que trajo la codicia de la globalización, especialmente en los que fuimos, o nos creímos, nuevos ricos y en el marco americano, donde tan bien se maneja, anunció con firmeza (¡qué enérgicas son las declaraciones de nuestros políticos más allá de nuestras fronteras y cuantas noticias nos revelan!) que no habrá un euro público más para nuestras entidades financieras, que tanto presumieron de su buena salud. Las sonadas diferencias entre el responsable de Economía, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y el presidente de Bankia, Rodrigo Rato, la esperanza eterna de una derecha moderna y teórica que ni crece ni avanza, que opinan lo contrario, se librarán en los ruedos nacionales, mientras los dos grandes partidos -los conservadores en el poder y los socialistas en la oposición- son incapaces de encontrar vías de entendimiento para pactar las reformas o los recortes que no paran, rompen los acuerdos sobre la televisión pública y sólo coinciden en reprochar los procedimientos de la recauchutada Cristina Fernández, presidenta de la República Argentina, sobre la nacionalización por sorpresa de YPF, la división mixta de Repsol.Si ahora resulta difícil entender y escapar de los azares del día a día, dentro de unos años quedará en el capítulo del misterio y de la infamia la década que consumimos o nos consume.