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Una buena ayuda > Jorge Bethencourt

Cuando el perro se muere, las pulgas agonizan. Es lo que tiene perder el suministro de sangre fresca. Así que no es extraño que la administración pública esté pasando por muy malos momentos. Camino de los seis millones de parados, la poca gente que aún trabaja en España sirve de suministro para las pensiones, los subsidios de paro e invalidez, los sueldos públicos y los viajes oficiales de nuestros bien amados dirigentes. No hay cama para tanta gente.

La pasada Semana Santa, la Dirección General de Tráfico lanzó a las carreteras a cientos de agentes de la Guardia Civil con la misión de ayudar. De ayudar a incrementar los ingresos por multas, me refiero. Los radares móviles se han desplegado por todas las carreteras con la misión de cazar conductores que hayan superado los límites de velocidad que pone un señor con gorro de funcionario a su libre albedrío (hoy 120 kilómetros por hora, ayer 110, mañana 140…).

Pero no puede existir el pecado si no existe la tentación. Así que de lo que se trata es de fabricar coches cada vez más veloces (anunciarlos en la televisión, hacer que los grandes futbolistas los exhiban y promocionar la imagen de las carreras de bólidos creando un culto a la velocidad) y de hacer carreteras cada vez mejores, con varios carriles y largas rectas. Ya tenemos la tentación. Luego sólo hay que poner el radar, sentarse y esperar para ir haciendo caja con cada clic de la cámara fotográfica.

Los agentes ya tienen detectados dónde están los mejores caladeros para garantizar una abundante cantidad de capturas. Como la especie de los locos que van a 200 km por hora cada vez es más escasa se trata de centrar la pesca en conductores normales que vayan ligeramente por encima de lo permitido. Para eso es menester encontrar vías amplias donde la limitación de velocidad sea muy baja porque ahí en muy pocas horas de pesca se garantiza un alto grado de capturas.

Una vía de dos o tres carriles donde la velocidad máxima sea 60 km por hora es como sobrevivir a un naufragio con Angelina Jolie y llegar a una isla desierta y permanecer allí solos durante unos seis meses. O sea, una tentación en la que vas a caer. Y a pagar. No hay amnistía para los pobres. Nos quieren tanto que nos sacan fotos a todas horas. Pero por detrás. Ya saben por qué.

Twitter@JLBethencourt