...y no es broma>

¿Yo no les voté?> Conrado Flores

Supongo que tú también lo habrás notado. Por eso expertos de prestigiosas universidades de los Estados Unidos están estudiando cómo es posible que el Partido Popular obtuviera más de diez millones de votos sin que nadie les votara. No hace mucho que las tertulias de medio país se centraban en la necesidad imperiosa de un cambio político. En la oficina, en el bar y en la cola de la charcutería, todos hablábamos de cómo el presidente Zapatero llevaba el país al desastre. En las conversaciones políticas familiares (disculpa el eufemismo) ocurría algo parecido. En aquella época preelectoral nadie tenía reparos para mostrar abiertamente su inclinación por el cambio político. Además, como me dijo un taxista, el nuevo ejecutivo debía tomar medidas urgentes para evitar la ruina total. Y es que en esto de la política hay mucho hooligan, no te creas. Los ultras de un club de fútbol siempre piensan que los jugadores rivales son los únicos que simulan faltas y penaltis, y que el árbitro les favorece. Son capaces hasta de justificar un insulto o una agresión porque siempre fue culpa del rival, que es un provocador. Pues en política ocurre lo mismo. Hay quienes extrañamente piensan que el partido político de sus simpatías lo hace todo bien mientras que el contrario lo hace todo mal. Parece ridículo pero es así. Yo, que en esto soy una rara avis, lo que no entiendo es como cada gobierno parece empeñado en hacerlo aún peor que el anterior. Soy de esos españoles que desde hace bastante tiempo se quedaron “sin equipo”. Lo curioso es que ahora, tras la reforma laboral, tras los recortes en sanidad, educación y la dependencia, tras la subida del IRPF, el IBI y las tasas universitarias, tras la introducción del copago farmacéutico, y tras la radical pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, resulta que nadie votó al PP. En estos momentos, en la misma oficina, el mismo bar y en la cola de la charcutería, la gente finaliza las discusiones con un “al menos yo no les voté”. Así, como por arte de magia. Es como un mantra tibetano: “Ohm, yo no les voté, Ohm, yo no les voté”. Bueno, al fin y al cabo, las elecciones fueron el año pasado y no es fácil recordar que es lo que metió uno en aquella dichosa urna.