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1º de Mayo > Juan Henríquez

Ayer fue un día grande para la clase trabajadora. Rememorando a los Mártires de Chicago, seis sindicalistas que fueron condenados a muerte y ahorcado por su participación en la huelga general del 1 de mayo, allá por el año de 1886, y que fue convocada durante la celebración del Congreso de Sindicatos y sociedades obreras de Estados Unidos de Norteamérica, precisamente en Chicago. Fueron unos trescientos cincuenta mil trabajadores los que secundaron el paro reivindicando, especialmente, la jornada laboral diaria de 8 horas en lugar de las doce o catorce que se venían trabajando por unos salarios de miseria.

Es bueno recordar que durante la celebración en Ginebra, Suiza, el 3 de septiembre de aquel año, el congreso de la Primera Internacional acordó que todos los años el 1º de mayo se celebrara en todo el mundo la lucha por los derechos de los trabajadores.

Hoy más que nunca, tiene sentido ocupar las calles, no para reivindicar derechos, sino para exigir que se nos restituyan aquellos que nos han sido eliminados a golpe de leyes y decretos. Debemos, y tenemos la obligación la clase trabajadora (activos, parados y jóvenes), de dar la cara por el expolio al que estamos siendo sometidos. Y con mucha más razón cuando se esgrimen razones que en la práctica vienen demostrándose inservibles o nulas. Por ejemplo de los sucesivos y dispares tijeretazos aplicados a la reforma laboral, y, que hasta el día de la fecha, ninguno ha servido para crear empleo, al contrario, para aumentarlo.

Igual viene ocurriendo con los recortes en la Administración Pública. Dale que te pego con las reducciones de salarios e incrementos de jornada a los empleados públicos, y los políticos y cargos de confianza cada vez con más prebendas y gastos injustificados y superfluos.

Hablan de una crisis y de una deuda exterior, cómo sí la clase trabajadora fuéramos los que las provocamos. Y no aceptando que hay otras formas de hacer política y alternativas para corregir esos déficits, van y se meten de lleno a reducir el Estado de Bienestar Social, por la parte más sensible para la clase trabajadora: la educación y la sanidad.

Algunos me señalarán de loco revolucionario, y de hacer comparaciones descabelladas, pero me importa un carajo que voceros derechosos piensen así de mí. 126 años después de aquellos acontecimientos de Chicago, la clase trabajadora del mundo, europea, española, y, de manera muy especial, la canaria, tienen tantas o más razones para provocar un paro general, pero no de un día, sino de tres. Hay que pararles las patas a éstos impresentables que nos gobiernan.

En este 1º de Mayo, reclamo a la clase trabajadora que ocupemos las calles para defender las conquistas mutiladas. No podemos permitir el acoso y derribo al que estamos siendo sometidos, mientras que la clase política, bancos y monopolios, pasan de rositas por la crisis. Impidamos que los trabajadores/as seamos los que paguemos los platos rotos. Es el día grande de la clase trabajadora para protestar contra los atracos a nuestros derechos, así que, como una sola voz, gritemos: ¡Restitución, ya!

juanguanche@telefonica.net

Nota: esta columna es la que Juan Henríquez remitió a DIARIO DE AVISOS para su publicación el Primero de Mayo en vez de la que salió en la edición de ayer de este medio. Pedimos disculpas por el error.