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1º de Mayo > Juan Henríquez

Hoy, Primero de Mayo, es la Fiesta del Trabajo, una fecha emblemática que se conmemora, con distintas sensibilidades, en todo el mundo, tanto el democrático como el dictatorial.

En principio tuvo proyección esencialmente reivindicativa y de lucha de los trabajadores por unos derechos -de huelga, sindicación libre, condiciones laborales justas, libertades democráticas, etc.-. Cien años después de su institucionalización, muchos ciudadanos han convertido esta fecha en un día festivo más, sin connotaciones especiales.

La crisis económica ha impulsado las movilizaciones, aunque nunca con la pujanza y asistencia de años atrás, no sé si por desinterés ciudadano en actos de masas o por la decepción que han suscitado algunas actuaciones sindicales. Sea como fuere, el movimiento sindical ha prestado grandes servicios a España y ha colaborado con lealtad -en algunos casos magnanimidad- al avance económico y social del país. Su protagonismo reconocido en la Constitución ha perdido, sin embargo, el respaldo unánime de la opinión pública. Escándalos económicos, complicidades indisimuladas con gobiernos afines -caso del anterior Ejecutivo socialista- y confrontaciones abiertas con el centro y la derecha política y económica -que actualmente encarna el PP- han dañado al movimiento sindical, al que cabe achacar también el injusto olvido de los parados y una cierta proclividad a la subvención y el favor económico del Poder.

Los dos sindicatos mayoritarios son en parte culpables de la crisis, ya que miraron para otro lado cuando el Gobierno Zapatero cometió severas torpezas populistas -sobre todo un gasto público desbocado- que han obligado al actual Ejecutivo a poner en marcha medidas que, de haberse adoptado en su momento, habrían permitido al país adelantar la salida de la crisis y moderar los efectos negativos de recortes, reajustes y pérdida de derechos logrados con esfuerzo a lo largo de decenios.

Esta realidad inapelable no la quieren ver los sindicatos, que achacan todos los males a las “políticas neoliberales”, por otra parte las únicas que han hecho prosperar a Occidente aunque ahora, por falta de estímulos económicos que pronto vendrán, provoquen efectos dramáticos como el aumento del desempleo y las desigualdades sociales. Pero, tienen razón los sindicatos cuando reclaman diálogo, salidas justas a la crisis, el mantenimiento de la cohesión social y de los servicios públicos esenciales, y medidas urgentes para la reactivación económica. Porque sólo así podrá volver el trabajo, base y fundamento de los bienes y servicios necesarios para la vida. “Bendito el que ha encontrado trabajo -dice Carlyle-. Que no pida ya otra felicidad”.