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Aburridismo > Ramiro Cuende Tascón

No sé si a usted le pasa lo que a este alegre junta letras y palabras cuando se ve sorprendido en su discurrir diario por la imagen de una conversación inesperada. Me las suelo encontrar casi siempre al girar una esquina ¡ños!, sorpresa. Imaginen, dos personajes con cara de interesados -mentira-, el uno soportando el rollo del otro o al bies. La historia se repite, por lo general dos pesados, a su vez, aburridos con tiempo que perder contando la repetida de cada día. 

La repetida es como una grabación que se carga por la mañana, tras la aburrida reunión de la tarde noche anterior, henchida de trascendencia, conlleva el ceño fruncido y un tono monocorde que parte el alma de cualquiera. Suena certera, aunque dudosa, siempre aburrida con visos de interesantona, proviene de la indiscutible fuente de siempre a la que hay que nombrar sin citar a la susodicha, ilustrada en grado ínfimo, la repetida se suelta a lo largo del día en distintas esquinas y nunca en menos de tres.

El perfil del ponente de la repetida puede ser de distinta cualidad; una persona aburrida, sola, convencida, ideologizada, un fantasma, alguien en chándal a las once de la mañana o con sombrero de paño bajo un sol de justicia. Generalmente gentes ociosas, convencidas, contrariadas o lideres venidos a menos, que casi siempre te colocan un rollo infumable con una nube de mala leche. Si le agarra el brazo está perdido, huya. Se reconocen fácilmente.

Esto del aburridismo es delicado, por no calificarlo de peligroso. Se cuela como un virus en la vecindad y produce apatía, dejadez, y, lo que es peor, desinterés general. Las sociedades que son presa de este aburrido fenómeno tienen graves dificultades en levantar cabeza, abundando más en la sintomatología, me atrevo a decir que pasan a ser pasto fácil para personajes con tendencias autoritarias. La historia nos pone a la vista múltiples ejemplos relacionados con este colectivo malestar.

Frente a este tipo de personajes y ambientes no cabe sino sacudirse, individual y colectivamente. Cargarse de razones y poner manos a la obra en la dirección contraria y buscar actividades en las que generar posibles y divertimento. Sociedades más pobres que la que vivimos, demuestran que con dignidad solidaridad generosidad y realismo todo es posible, es más, se supera hasta la fatalidad.

No quiero terminar, porque para muestra un botón, hace dos semanas les hablaba del juego del Merkozí, visto lo visto el domingo pasado -tarjeta roja al héroe de la Galia- el juego se queda en Merk y espero que pronto en nada. Si en vez de apretar tanto con los plazos, hubieran sido menos golosos, otro galo cantaría. Hollande ¡Bienvenue!

Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir ¿Le suena real? A mi sí, no lo esperaba, gracias.