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Alzamiento nacional > Mario Santana

Houston, tenemos un problema. Aquí no paga nadie. Unos porque no pueden y otros porque si pueden pero hacen como que no. Cuando vienen los acreedores meten los haberes debajo de la cama, miran el techo y se ponen a silbar. Pero flojito para no llamar la atención. Y eso, ¿se puede hacer? Hombre, por poder se puede. Pero no se debe, porque si lo cogen capaz que tiene usted un disgusto. Y si no que se lo cuenten al pobre Ruiz Mateos, citado a declarar junto a sus hijos por haber presuntamente vendido un hotel a otra empresa de papá.

Un acreedor se molestó porque dijo que papá lo había hecho para no pagarle. Y dijo algo muy feo, como alzamiento de bienes, o así. Vamos, cosas de ateos y no propias de papá.También está en el club el señor Díaz Ferrán, acusado por una supuesta apropiación indebida de 4,4 millones de euros, que ahorita mismo no están, mal que me pese.Es un club esotérico. Es algo como espiritual y etéreo. El dinero ahora está, y ahora no está. Y nadie sabe dónde está. Lo dicho, metafísica pura. Y todos mirando el techo y silbando. Pero flojito.

Y el Estado recortando y venga a recortar para no generar más deuda. Pero nada se hace con respecto a la deuda de las familias y empresas. Veamos. El pastel de la deuda nacional se reparte en el 17% para el Estado, 21% los hogares, 35% las empresas y 26% las financieras. Es decir que más de la mitad de la deuda es de los hogares y las empresas. La conclusión es clara: si las familias y las empresas pagaran lo que deben, se acabaría gran parte del problema.

La vía adecuada para obtener el cobro de las deudas es acudir al juzgado de forma inmediata, y que el juicio vaya caminando. Y luego hablar, que siempre hay tiempo de quitar el pleito. Porque el que llega después no cobra, que lo sepa usted. Así que mejor nos damos prisa.

Los juicios tienen dos fases. Una primera donde se discute si existe o no la deuda. Y una segunda en la que, ya declarada por el juez su existencia, vamos a ver cómo se paga esto. Es la llamada ejecución judicial, cuya finalidad es localizar bienes del deudor, embargarlos, valorarlos y subastarlos.

Esa localización de bienes, en ocasiones, trata de obstaculizarla el deudor. Las técnicas utilizadas son como los caminos del Señor: infinitos. Desde hacer separación de bienes y poner el patrimonio a nombre del cónyuge, que no guarda relación con los negocios, hasta pasando por simular una venta a favor del amigo íntimo, hasta hacer una donación a favor de un hijo. Donación que por cierto sale casi gratis hasta que en los próximos meses el Gobierno de Canarias restablezca el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Volviendo al asunto, el primer peligro que afronta el deudor listillo es que el cónyuge presente un divorcio y, si te he visto no me acuerdo, que el amigo deje de serlo o que al hijo se le tuerza el tino. Pero existe también el peligro de que le apliquen el artículo 257 del Código Penal regulador del alzamiento de bienes, conforme al cual le pueden pedir una pena de hasta cuatro años de prisión cuando, iniciado un procedimiento para cobrar sus deudas, o de previsible iniciación, esconda usted sus bienes en perjuicio de sus acreedores, disponga de ellos o los grave para dificultar su embargo. Y es que todo alzamiento es peligroso para el que lo perpetra. Y devastador para el que lo soporta.

Mario Santana
Letrado
abogado@mariosantana.es