mirada sobre áfrica > Juan Carlos Acosta

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Era de esperar. El Gobierno de Canarias ha confirmado la suspensión de sus proyectos de cooperación con África debido a la intensidad de la crisis económica que padecemos, un panorama cuando menos desolador para miles de familias de las Islas que pasan por apuros severos, no ya para llegar a final de mes, sino para procurar el sustento vital de cada día. Así es que los 500.000 euros comprometidos como ayuda durante el presente ejercicio se han de quedar para intentar cubrir a duras penas las graves necesidades locales, a pesar de las protestas de las ONGD, que deben aceptar ahora que la situación ha cambiado, y mucho.

Lo que no está claro es si nuestras administraciones públicas autonómicas han entendido que continúan activándose numerosas partidas millonarias en Europa y en organizaciones multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, destinadas a la convergencia de los países en desarrollo, y que quizás hemos perdido un tiempo precioso en orientar a nuestros gestores para captar una buena parte de ellas con el fin de ser ejecutadas desde el Archipiélago. De haber sido así, estaríamos hablando ahora de ingresos nada desdeñables complementarios a nuestros sectores productivos tradicionales y de un tejido empresarial especializado en implementar acciones multidisciplinares de estímulo para los países de nuestro entorno, máxime cuando las buenas noticias sobre el crecimiento africano se multiplican en proporción inversa a la debacle de los mercados occidentales. Si fuera posible mirar los flujos financieros desde el espacio, tal y como se aprecian desde la Estación Internacional las corrientes oceánicas y las tormentas sobre el planeta, quizás podríamos comprobar que la economía mundial pivota hacia civilizaciones hasta hace poco invisibles, de tal forma que ya no es posible acudir a los intercambios comerciales sin competir con las potentes producciones surgidas de otras latitudes, sobre todo manufacturadas con operarios que se cuenta con cifras de diez dígitos, al fin y al cabo la ley de la oferta y la demanda que el rodillo neoliberal de Occidente impuso urbi et orbe mientras pudo.

Eso sí, África, lejos de contagiarse de nuestra pesadumbre, registra incidencias tales como un aumento de ingresos por el sector turístico, en franca evolución, como ocurre en Cabo Verde, que es hoy una tabla de salvación para más de medio centenar de empresarios canarios, o incrementos por encima del 14% en el transporte aéreo durante el pasado mes de marzo en todo el continente. Además, si tenemos en cuenta otras novedades de la semana, como el anuncio del Banco Mundial, cuyo nuevo vicepresidente es senegalés, de impulsar el desarrollo africano, traducido el pasado año en una inversión propia cercana a los 20.000 millones de dólares, o los planes de la importante cadena hotelera Starwood para abrir 40 establecimientos en los países del Norte durante el próximo lustro, seguro que esa ventana hacia el Este comienza a cobrar un mayor interés para nuestros emprendedores.

Significativo es que una de las conclusiones más llamativas de la reciente cumbre luso-española, celebrada el miércoles en Oporto, haya sido precisamente la necesidad de “buscar fortuna” en el continente negro para paliar los efectos devastadores de esta descomunal caída de nuestras respectivas economías y expectativas de futuro.