nombre y apellido >

Carlos Dívar > Luis Ortega

En el catálogo de canciones veraniegas hay una de Nando Nández que reviví ante la lectura de un suelto dedicado a la apertura de una investigación sobre una supuesta malversación del Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder Judicial, firmada por un vocal del organismo por la cuota del PSOE. El tema, del rapero Nández, enfatizado con metales y percusión, tiene un estribillo recurrente -“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”- tópico, verdad callejera, que chocaba con la hagiografía del denunciado, de imagen beatífica, católico practicante, que atribuyó a un milagro su salvación de un atentado de los pistoleros de ETA y peregrino habitual de Tierra Santa, saludado a su llegada a los importantes cargos que ostenta ahora como una bendición por distintos medios de comunicación. El malagueño José Carlos Dívar Blanco (1941) fue acusado por el vocal Gómez Benítez de “malversación de caudales públicos” (“Seis mil euros, una miseria”, según el mismo dijo) por seis fines de semana en un hotel de lujo de Marbella entre noviembre de 2010 y noviembre de 2011, gastos en los que se incluyen sus comidas pero no los gastos originados por los escoltas que lo acompañan. Desde la condena al juez Garzón -que cualquier instancia sensata, Constitucional o Estrasburgo, anulará, aunque nada ni nadie reparará el daño causado- la popularidad del instructor Varela y del presidente Dívar creció a ritmo de hit-parade y, cuando la espuma se deshizo, viene esta noticia que puede ser “un error”, “una miseria” como dijo el implicado; en todo caso, una ordinariez que rompe esa imagen inmaculada del magistrado, que juzgó al juez estrella por trincón, defectos en la instrucción del Gürtel o recuerdo de una dictadura, más presente de lo que muchos pensamos y unos viajes y clases en Estados Unidos, según la instrucción, con patrocinadores privados. En honor a la verdad, el señor Dívar ya remitió facturas acreditativas al Ministerio Público que, posiblemente, dejarán a salvo su buen nombre y justificarán los motivos de sus reiteradas estancias marbellíes, siempre en fines de semana. La opción más probable es que el fiscal encargado no encuentre indicios de delito y que el corporativismo, tan activo en nuestros lares, actuará en sensu contrario al caso de Garzón, afeado en todas las democracias. Nosotros imaginamos que algo muy importante llevaría a nuestro hombre -el elogiado Dívar- a estos viajes siempre a un lujoso hotel de Marbella, siempre en fines de semana, siempre con cenas de representación; funcionario impecable y cristiano viejo, responderán a altos intereses del estado. Tendemos ocasión de saber algo más en este tiempo en el que todo acaba conociéndose e incluso se abrieron los cotos reales.