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¿De dónde sale tanta pasta? > Francisco Pomares

Con el miedo metido en el cuerpo serrano tras la nacionalización de Bankia -una nacionalización de pérdidas, todo hay que decirlo- ayer se produjo la reunión de los ministros de Economía y Finanzas de la Eurozona, en la que con la boca chica han aplaudido las reformas emprendidas en el sector bancario español. En realidad, no sé yo porqué le llaman reformas a soltar una pastizara para tapar un agujero, pero el lenguaje de la política se parece cada vez más a un latín para iniciados que tiende a lo lírico. El hecho es que -coincidiendo con la reunión europea- se ha sabido que a los entre siete y diez mil millones de euros de dinero público (o sea: suyo y mío y de aquél) que se va a chupar Bankia, hay que sumarle otros 30.000 para cubrir pérdidas en los activos inmobiliarios problemáticos, o sea, en cemento invendible a los precios a los que está tasado. De esos 30.000, la mitad saldrá también de nuestros bolsillos como ciudadanos, y la otra mitad de nuestros bolsillos como usuarios de servicios bancarios y financieros (¿O es que creía usted que los iba a poner el señor Botín de sus beneficios? No me haga reír).

Por hablar de lo más cercano, parece que el agujerito de Banca Cívica, que es la marca en la que anda provisionalmente refugiada CajaCanarias, será de tan solo unos 1.300 millones, que se sumarán a los 2.100 que precisa Caixabank, el hiperbanco dónde Banca Cívica acabará por aterrizar, para dolor y crujir de dientes de muchos de los antiguos empleados de CajaCanarias, futuros empleados de Caixabank en Cuenca. En fin, que anda revuelto el patio ante la posibilidad de que crujan los bancos y cruja el euro, y los ahorros se evaporen. Pero no es precisamente eso lo que señala el caminar de la perrita. En Europa es muchísimo más fácil rescatar bancos que rescatar economías nacionales. A Grecia la han dejado pudrirse en la desesperación, después de casi tres años de exigirle sacrificios insostenibles, mientras a los bancos europeos les aflojaban cuatro veces lo que Grecia necesitaba, sin que se les moviera el bigote, y sin hacer ruido. Por eso en esta crisis no ha habido suicidios de banqueros ni de inversores. No tienen porqué: son los únicos trabajadores que tienen el futuro más o menos garantizado. Incluso a los que les dan una patada en el trasero, se la dan después de habérselo forrado (el trasero) con un millón y medio de euros de indemnización, como al señor Rato. Para que la patada duela menos. No hagan mucho caso a los que dicen que esta crisis es especial y distinta. Solo es más grande, pero es como todas las anteriores: consiste en que algunos se enriquecieron de manera desmedida hinchando todas las burbujas posibles. Y ahora, cuando las burbujas han empezado a explotar una tras otra, vamos a pagarlo con impuestos, tasas, sacrificios y mordidas.