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El Toscal Bien de Interés Cultural que puede derrumbarse de un soplido

Fachada del inmueble en construcción que generó el derrumbe de un edificio colindante. / FRAN PALLERO

ÁNGELES RIOBO / TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

Muchas de las viviendas del capitalino barrio de El Toscal datan del siglo XVIII, el mismo siglo en el que resurgieron de la época clásica fábulas tales como la de Los Tres Cerditos, aquella en la que el gran lobo feroz echaba abajo, con solo un soplido, las casas de dos de los tres hermanos porcinos.

Paja y madera son los materiales que no resistieron las embestidas oxigenadas de un lobo que, en absoluto, pudo derribar el ladrillo. De lo que no dice nada la fábula es de la tosca, piedra con la que se construyeron entonces la viviendas de El Toscal, y de donde cogió su nombre el enclave.

El pasado viernes 18 de mayo los trabajos de una obra en el número 40 de la calle de Emilio Calzadilla provocaron el derrumbe del muro de la vivienda colindante, el número 38, así como el apuntalamiento preventivo de la vivienda del número 36, el cierre del colegio Montessori y el de la propia calle durante varios días. Por fortuna, el incidente no causó daños personales.

Este derrumbe es solo la punta del iceberg de los numerosos problemas a los que se enfrenta un barrio catalogado Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1994, pues no solo la dilación en el Plan General de Ordenación (PGO) de Santa Cruz de Tenerife “lo está dejando morir”, según un importante sector vecinal, sino también, y mucho, la especulación o los problemas de herencias, que provocan que un alto número de las casas se encuentren abandonadas a su suerte.

Desde el Consistorio capitalino estiman que hasta una treintena de casas de El Toscal, barrio para el que existe un Plan Especial de Protección por sus especificidades, se encuentran en estado ruinoso o de abandono. Tal y como han demostrado los acontecimientos de los últimos años, estas viviendas son un riesgo para la seguridad de la zona tanto por los derrumbamientos, como por los incendios o la insalubridad.

Los enseres en desuso y la suciedad son pasto fácil para las llamas. Además, la inmundicia, los insectos y los malos olores, que generan estas viviendas abandonadas, causan molestias a los vecinos que allí residen.

Tejados caídos, síntoma de la dejadez que los vecinos denuncian. / F.P.

Por este motivo, desde la Gerencia municipal de Urbanismo se insta a los propietarios de las viviendas abandonadas a que se responsabilicen de estos inmuebles, interviniendo de oficio con el fin de preservar la seguridad de la zona. Según explica el coordinador del distrito Centro-Ifara, Sergio García, estas actuaciones consisten en la limpieza del interior de las casas, vaciado de enseres y posterior cerramiento.

Durante el mandato de la actual corporación, ya se ha procedido a la limpieza de cuatro de estas viviendas o solares abandonados, dos en la calle San Juan Bautista, números 53 y 55, el de la calle San Miguel número 1 y la última actuación que se está desarrollando. En la calle Santiago número 80.

En este punto, cabe recordar que, antiguamente, el barrio de El Toscal estaba formado por varias ciudadelas, viviendas comunitarias conformadas por habitaciones unifamiliares en torno a un patio central, en la que las familias compartían baño y cocina.

Hoy solo quedan cuatro de estas ciudadelas en las que cada una de las casas goza de total independencia. Tres están en buen estado de conservación y habitadas, pero una de ellas, la de la calle Señor de las Tribulaciones, está en estado de abandono, y sufrió un incendio el pasado mes de marzo.

Por su parte, el también arquitecto y vecino de El Toscal Félix Franco lamenta que la capital tinerfeña no disponga de un casco histórico propiamente dicho. “El caso de Santa Cruz es especial, ya que debe ser la única capital de provincia europea carente de caso histórico. Lo único que nos queda, tras décadas de un urbanismo feroz por parte de los políticos que hemos sufrido, son unos pocos restos en la calle de la Noria y algo en el barrio de El Toscal”, avanza el experto.

Félix Franco añade que el actual mal estado de conservación del barrio, en general se debe a la desidia y la falta de un buen plan de conservación, “que han dado como fruto que la mayoría de las casas que quedan presenten un estado ruinoso y con ello una ruina de parte importante de nuestra historia”.

La arquitecta bioclimática y vecina de El Toscal, Aracely Reymundo afirma que este es un barrio que no se ha gestionado adecuadamente atendiendo a su importancia histórica, arquitectónica y funcional, ya que ha quedado relegado como un barrio de la periferia pero en el centro de Santa Cruz de Tenerife”, lo que la convierte en una sabrosa golosina para los especuladores.

A juzgar por esta situación, puede afirmarse que muchos de los que tienen una propiedad catalogada con BIC, sin la intención de vivir en ella, prefieren que se arruine cuanto antes, con la expectativa de que, una vez caídas, puedan hacer negocio con estos solares. “Las instituciones deberían compensar de alguna manera a quienes, no residiendo allí, conservan sus viviendas”, apunta la arquitecta. Sin embargo, el coordinador del Tagoror Centro-Ifara recuerda que es obligatorio.

El Ayuntamiento debe tomar medidas ante la dejadez de los vecinos. / F.P.

Atentado bioclimático

La arquitecta recuerda que el núcleo estaba conformado por viviendas de dos o tres alturas, pero que ya en los años 70 se eliminaron un gran número de casas del enclave que no tenían un gran interés arquitectónico pero sí ambiental, y se construyeron en su lugar edificios muy altos y sin ningún interés arquitectónico, dando como resultado unas edificaciones de tamaño desproporcionado en en relación, por ejemplo, al ancho de las calles.

Para Aracely Reymundo este fue el principio del deterioro de la imagen de El Toscal y añade que, en aquella época, se construyó la Avenida de Anaga con unos edificios de gran altura y en bloque que, haciendo de muralla, le cortaron las brisas al barrio de El Toscal, además de quitarle las vistas al mar. “Por este motivo, la temperatura de El Toscal ya ha subido unos grados”, añade la experta.

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Pisitos a 400.000 euros

La calle de Emilio Calzadilla se ha convertido en una auténtica bomba inmobiliaria. Las obras en el número 40, que el pasado viernes 18 de mayo precipitaron el citado derrumbe, son parte de la construcción de un estupendo edificio que mantendrá la fachada original, no así el precio. Un portal inmobiliario ya anuncia estos pisos con imágenes de su futura apariencia. De entre ellas destaca un loft de 154 metros cuadrados, dos habitaciones, terraza, trastero y plaza de garaje, por nada menos que 410.000 euros. Pero la especulación también acecha a los inmuebles que ocupa hoy en día el colegio Montessori y otros de la misma acera, ya que en esos solares se podrían construir edificios para compradores de gran nivel que busquen una vivienda en zona tan privilegiada de la capital tinerfeña. Por contra, en la acera de enfrente todo apunta a que la presencia de la sede central del Círculo de Amistad XII de Enero supone una garantía de continuidad, puesto que la ampliación de la sociedad pasa por sus instalaciones de Barranco Hondo.

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Muchos edificios de la zona están en situación ruinosa. / F.P.

Un accidente polémico que puede originar grandes indemnizaciones

T. FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

Santa Cruz de Tenerife es una ciudad con alguna fortuna a la hora de minimizar desgracias. Si la gran riada de aquel trágico 31-M acaeció en domingo y el techo del Intercambiador se cayó de madrugada, en la calle de Emilio Calzadilla se produjo el derrumbe en viernes, justo el día en que los alumnos del contiguo colegio Montessori salen a las tres de la tarde y no a las cinco, gracias a lo cual la vía no estaba repleta de vehículos de padres y madres recogiendo infantes.

Sin embargo, el siniestro promete traer cola porque hay reclamaciones por cantidades considerables de dinero encima de la mesa de las compañías de seguros.

Destaca, sobremanera, la posible pérdida o el daño irreversible de obras de arte que al parecer se guardaban en el estudio de arquitectura afectado por el evento, cuyo titular es el conocido pintor Ernesto Varcárcel.

Tampoco es baladí el retraso que supone para la construcción de las lujosas viviendas previstas en esta privilegiada zona del corazón de la capital tinerfeña, ni el riesgo inherente (a los hechos hay que remitirse) que para los trabajadores supone la normativa que obliga a mantener las viejas y elegantes fachadas del inmueble.

Eso sí, algo permanecerá inmutable pese al derrumbe: los alumnos del Colegio Montessori seguirán sufriendo los constantes ruidos que, día y tarde, perturban la tranquilidad necesaria en buena parte de sus aulas, sin que las autoridades educativas hayan tomado medida alguna contra la contaminación sonora procedente de la obra.