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Falso feminismo > María Fresno

Lo reconozco: No soy feminista. Al menos de esas que se empeñan en igualarse a los hombres, incluso en la indumentaria. Sí admiro, en cambio, a aquellas que luchan todos los días por igualar nuestras condiciones laborales y afianzar nuestros derechos, pero, eso sí, sin hacer distinciones.

No me gusta que solo por el hecho de ser mujer tengamos que estar en una lista electoral. Ni me gusta que, solamente por ser mujer, me den un puesto directivo en una empresa. Si tengo que estar, en cualquiera de los dos sitios, que sea porque me lo merezco: igual que un hombre.

Somos distintos. Salta a la vista. Y no solo porque la mujer puede tener hijos y el hombre no. Cualquier intento de cambiar esto se convertirá en un estrepitoso fracaso. Partiendo de esta premisa, lo importante es que la convivencia entre ambos géneros sea lo más igualitaria posible, y de que seamos conscientes de que ninguno está por encima del otro. Por eso me molesta el día de la mujer trabajadora. ¿Lo hay del hombre?

Tampoco me gusta que muchas políticas utilicen la bandera del feminismo como argumento ideológico y achaquen al PP idearios obsoletos como: la mujer en casa, cuidando a los hijos; y al PSOE se le asocie con la idea de mujer trabajadora y moderna. Bien es cierto que, afirmaciones como la del presidente del PP de Andalucía, Javier Arenas, que dijo que desde que la mujer trabaja, los valores familiares se han perdido, no ayudan mucho. Pero seamos realistas. Todos los hombres, de uno y otro partido, piensan lo mismo. La diferencia está en que Javier Arenas cometió el error de decirlo públicamente.

Puedo mencionar muchos casos como este, pero después de tantos años, aún me sorprendo cuando en el Parlamento de Canarias, al tiempo que se habla de un incremento de expedientes de regulación de empleo del 37% en el primer trimestre de este año, de una tasa de paro del 32% y de que las empresas no contratan porque no tienen crédito; las diputadas y diputados [como les gusta decir] se pasen horas y horas discutiendo sobre los derechos de la mujer. Supongo que forma parte de la estrategia política para desviar la atención de lo realmente importante, como por ejemplo, que no se está haciendo nada para reducir el paro.
Precisamente, muchas de estas políticas que se rasgan las vestiduras en defensa de la mujer, están ahí, como diputadas, solo para cubrir una cuota. Yo lo reconozco, me gusta que me dejen pasar primero en un ascensor. Que me cedan el paso y que me ayuden con las bolsas del supermercado. Y hasta que me dejen el sitio en la guagua. Y puedo asegurar que no soy menos mujer que las que reniegan de estos gestos.