por qué no me callo >

Imaginemos > Carmelo Rivero

Si elegimos pasar de este mundo sórdido, hacer las maletas y sumergirnos en otro mundo virtual adoptando la forma del avatar que prefiramos, bajo un perfil edificante y una vida digna, con ayuda quizá de nuestros profetas de ciencia ficción más próximos (estoy pensando en Víctor Conde, seudónimo de Alfredo Moreno Santana, que está en plena mudanza literaria), creo que nos daríamos un respiro, fuera de esta, en otra soledad inventada. Si Europa va a la deriva por la inercia e inepcia de aquí estos próceres, habrá que ponerse en manos de las metáforas, así el árbol de luz, invisible, del nómada Manuel Padorno (mañana, diez años de su muerte). El ministro De Guindos pasó por la Isla para arropar lealmente la reelección de su amigo Soria, atento al G-8 y la cumbre europea del miércoles: con un ojo en Grexit, extramuros del euro, y otro (Bankia era un festín de especuladores en bolsa) en el temible rescate de la banca, que bordearía el corralito. Ahora que Facebook es carne de parqué y el niño Zuckerberg multiplica su fortuna, conviene no caer en tentaciones instalados en ese mundo virtual que sugiero: ahí sí que no caben pelotazos y el paro obviamente estaría prohibido. Merecemos esa ética. La profesora de Chicago Martha Nussbaum, filósofa de moda tras ganar el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, nos ayuda en este juego evasivo, pues sostiene en las dos manos la receta del superviviente: en una, el ejercicio socrático de la crítica (tenemos el 15-M) y en la otra, la imaginación, como tabla salvavidas (nuestro mundo virtual). Mañana, en el mundo real, recibe Rajoy a Paulino Rivero, que va a Madrid como si llegara de América arrobado por la lucidez de Vargas Llosa en Las Palmas, de luto por Carlos Fuentes, donde dijo que los canarios somos “España en Hispanoamérica”. La tensa espera recompensa al jefe de esta autonomía, cuando las cuentas de 2011 designan a Canarias la que mejor aisló el déficit. Antes de saltar por los aires, viene bien normalizar las relaciones de las dos orillas. Yo no sé si Krugman tiene o no razón (el corralito español, los estertores del euro), y mejor no preguntarle a Roubini, pero a Ernesto Ekaizer le suelo escuchar verdades como puños sobre la naturaleza de esta crisis, y me pienso zampar su libro Indecentes (Crónica de un atraco perfecto), pronto a la venta. “Este es el tiempo de no hacer derroche…,/si es preciso soñar, soñar despierto”, escribía Eliseo Diego en La Habana en su Muestrario del mundo. No sé por qué se me ocurre esta idea peregrina de zambullirnos en un mundo virtual con nuestro sosias onírico y soñar despierto, como dice el poeta, en que esta realidad es falsa y la imaginaria, verdadera, parafraseando al novelista orotavense Juan Bosco.