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Infierno fiscal > Alfonso González Jerez

Un estimado aunque anarcocapitalista amigo afirmó una vez que si existen paraísos fiscales es para huir de los infiernos fiscales como el español. España es tal vez el país menos indicado para este género de conmiserativas declaraciones. En un reciente artículo de Michele Boldrin, José Ignacio Conde Ruiz y Juan Rubio-Ramírez, y sobre la base de las estadísticas del Eurostat, España ocupa una de las posiciones más bajas en la ratio entre el total de ingresos fiscales y el Producto Interior Bruto. La media de los ingresos fiscales por PIB en la zona euro es del 45,5%. España ofrece el 35,1%. Por encima están Irlanda (el35,7%), el Reino Unido (el 40,8%), Grecia (40.9%), Portugal y Alemania (44,7%), Italia (46,1%), Francia (50,7%), Dinamarca (56%) o Noruega (58,3%) entre otros. Lo más impresionante es que los ingresos fiscales han caído más que el PIB en estos últimos cinco años: alrededor de seis puntos porcentuales. Todos los recursos fiscales se han desplomado, salvo los que se refieren a las rentas de los trabajadores y a las transmisiones patrimoniales, que es donde se concentra (y se ha recargado) la presión tributaria. En España, y gracias a reformas fiscales y normativas desarrolladas en los últimos veinte años, se ha reglamentado una suerte de omisión fiscal: dominando la combinatoria de exenciones y deducciones, una organización empresarial, y en particular las de medianas y grandes dimensiones, puede optimizar sus gastos fiscales -así se denomina en la literatura dedicada a este fraude social- hasta extremos escandalosos.

Todo el esfuerzo empeñado desde el Gobierno español en la consolidación fiscal -y que necesariamente mimetizan los gobiernos autonómicos- se centra en el recorte furibundo de gasto e inversión, con unos costes aterradores en la dinámica económica y en la vida cotidiana de millones de ciudadanos. En cambio, la única iniciativa política y legislativa para potenciar los ingresos ha consistido en una amnistía fiscal para los defraudadores de confusa redacción y resultados previsiblemente decepcionantes.

España no es ningún infierno fiscal. Y obviamente Canarias -que cuenta con inventos como la Reserva de Inversiones, cuya inutilidad para galvanizar la economía insular y crear puestos de trabajo ha quedado dolorosamente patente- tampoco. Pero qué cantidad de esfuerzo semántico se está empleando en enturbiar la realidad. Una realidad tan fragmentada por mensajes propagandísticos que contratar a dos organizaciones de tramposos covachuelistas con un historial delictivo a sus espaldas como Oliver Wyman y Goldman Sachs para auditar al sistema financiero español es defendido por Luis de Guindos como una opción razonable. Y no pasa nada mientras todo se cae a pedazos y miles de vidas se convierten en espejos rotos.