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La imagen > Jorge Bethencourt

“La voz del pueblo no es ilegal”, dice una pancarta en la plaza de Sol, medianoche del sábado. Claro que no. Pero el pueblo emite su voz cuando acude a depositar su opinión en las urnas, para un referéndum o una elección. Sesenta u ochenta mil personas son una parte importante del todo, pero no el todo. Las propuestas del movimiento 15M son muchas. Algunas se vienen discutiendo y proponiendo desde hace tiempo: listas abiertas, consultas a los ciudadanos, programas electorales vinculantes… Pero la cuestión no es si las propuestas son mejores o peores, sino de qué manera pretenden hacerlas realidad. Porque en nuestro país las normas se aprueban en las asambleas legislativas.

Ese es el nudo gordiano. Para el 15M este sistema no funciona. 2No nos representan”, dicen cuando hablan de los partidos, las instituciones y los gobiernos. Es respetable que piensen así. Pero desgraciadamente representan a todos los demás. A los millones de personas que les votaron en las elecciones. Y es porque nos representan por lo que estamos abochornados, por el espectáculo que están dándonos unos y otros. El déficit democrático de España no está en el sistema, no está en la democracia representativa (que es el peor de los modos de gobierno si excluimos a todos los demás), está en sus actores: en la mediocridad que habita en la partitocracia y en el vertiginoso ascenso de la incompetencia institucional.

La “democracia real” que solicitan los manifestantes del 15M es un sistema asambleario. Alguien tan poco sospechoso de ser reaccionario como Tony Judtt considera que las democracias directas son posibles en unidades sociales reducidas pero potencialmente destructivas en sistemas más complejos. Elementos como la cohesión territorial, la solidaridad entre comunidades o la propia justicia distributiva acabarían destruidas en España sin la existencia de una estructura jerárquica centralizada proveniente de un sistema de representación.

Con todo, la imagen de la noche del sábado es la de una locutora de televisión que entrevista a un joven portavoz del movimiento de los indignados. Está contando que la asamblea va a debatir durante algunas horas si se quedan o no en la plaza de Sol. Al fondo, el pedestal de la estatua ecuestre de Carlos III está invadido por jóvenes que hablan a la multitud. Por el plano, que ofrece la imagen de la asamblea de los indignados, cruza un ciudadano chino, con una nevera colgando del hombro, que vende refrescos y cervezas. Es esto, me dije. Es esto.

Twitter@JLBethencourt