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La vía americana para el desarrollo canario (y II) > Ángel Cuenca Sanabria

Un periodo que debemos aprovechar para quedarnos bien puestos de una vez y para siempre, asentando los cimientos de la era post energías fósiles, que se basará fundamentalmente en las renovables, pero también en el hidrógeno y los biocombustibles a partir las algas, entre otros.

Las economías de plataforma que nos toca implementar ahora en Canarias deben entenderse desde una óptica integral de este tipo de modelos de desarrollo y no prejuzgan para nada la gestión de los recursos de hidrocarburos situados en determinadas zonas, como frente a Lanzarote y Fuerteventura, en nuestra hipotética Zona Económica Exclusiva (ZEE), sobre la que ya se han pronunciado majoreros y conejeros, cuya decisión debemos respetar, la compartamos o no.

Estamos hablando de las nuevas oportunidades que surgen en toda la costa occidental africana, de cómo van a influir en el desarrollo de nuestros vecinos y del rol decisivo que debemos jugar desde una perspectiva integral de multilateralidad y cooperación al desarrollo.

Pero tampoco prejuzgan la gestión de los recursos naturales que pudieran aparecer en otras coordenadas dentro de esa eventual ZEE canaria, ni el posible desarrollo de la industria química y petroquímica en las Islas que acepten tales actividades, en base no ya a los hidrocarburos canarios siquiera, sino a los que podríamos adquirir con bajos costes de transporte en el área cercana.

Esa es precisamante una de las fortalezas de nuestra condición archipielágica, poder simultanear sistemas y modelos según la voluntades suscitadas en cada territorio insular, como de hecho hemos venido haciendo, siempre que no se produzcan afectaciones no deseadas para los demás. Está tardando, por tanto, el Gobierno de Canarias en movilizar su diplomacia al otro lado del charco para seducir a los potenciales nuevos inversores americanos, para quienes nuestros valores logísticos y geoestratégicos resultan de un atractivo irresistible.

Tarea en la que encontrará el terreno abonado por muchas generaciones de antepasados isleños que dejaron allá su impronta de nobleza y laboriosidad, contribuyente decisiva de sus propias construcciones nacionales. Isleños cuyos descendientes ocupan hoy, en varios países americanos, lugares influyentes en la política, la economía y las finanzas. Relaciones preferentes con América, que no cierran nuestras puertas a otras potencias emergentes asimiladas al mismo nivel que Brasil, como Rusia, India, China o Sudáfrica (las llamadas Brics).

Para ello debe crearse en las Islas el marco institucional, legal y jurídico necesario para que estas auténticas economías de plataforma puedan desarrollarse. En suma, para implementar políticas propias que no tienen cabida en el estrecho marco del régimen general de España y las políticas comunes de la Unión Europea, con la que deben establecerse las relaciones de Asociación que nos ofrecen en la IV Parte del Tratado de Funcionamiento de la UE, vigentes en las Antillas holandesas.

Pero sobre todo, necesitamos dotarnos de poder político propio, para imponer nuestras decisiones a un Estado español que pretende nos conformemos con emitir alegaciones e informes previos rutinarios y no vinculantes, mientras continúan bloqueando nuestro desarrollo, expoliando nuestros recursos -ya sean naturales, geoestratégicos ó fiscales- y utilizándonos como mercado cautivo para sus exportaciones y empresas.

Poder político canario que nada tiene que ver con la tradicional mentalidad gerencial/consular de las clases dirigentes criollas, adocenadas en su papel de medianeros de la Metrópoli. Esta vez tendrán que espabilar y asumir un verdadero liderazgo en defensa de nuestros innegociables intereses nacionales, si no quieren ser barridos del mapa por el huracán popular que está tomando cuerpo y se desencadenará muy pronto. A tiempo están de purgar sus pecados del pasado, porque la Patria siempre será con ellos clemente y misericordiosa.

La Historia termina reabriendo siempre las páginas mal cerradas y la que en su día fuera Carrera de Indias quizá invierta ahora su dirección, trayéndonos de vuelta, desde América, corrientes cargadas de nuevas oportunidades para alcanzar nuestra definitiva madurez, desarrollo y bienestar como pueblo atlántico, consciente de su propia personalidad espiritual y jurídica. Espantemos pues de una vez los fantasmas del pasado y asumamos sin complejos el apasionante reto de nuestro futuro.

*Coordinador del Encuentro Canarista (Encanta)