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Las mentiras de José Morales> Juan Manuel Pardellas

Hace un par de días, el escritor y periodista (y amigo) Fernando Delgado presentaba ante una nutrida y devota audiencia en CajaCanarias su última novela También la verdad se inventa. No habla de la crisis financiera, ni de la política, ni de las muchas miserias y alcantarillas que hay que cruzar a diario, aunque bien podría aplicarse a todos ellos. “Para hacer una novela con todos estos ingredientes, tendría que ser Valle Inclán, de lo grotesco que me parece todo”, reconocía. Es una novela, entretenida y recomendable, sobre el derecho que tenemos cada uno a vivir nuestro imaginario, ambientada en un programa nocturno de radio, principal aliado de confesiones de todo tipo. Vivimos en un mundo donde la verdad se inventa continuamente, donde parece no importar. Es el caso del ciudadano uruguayo residente desde hace décadas en Lanzarote, José Morales, emigrado ahora a Tenerife donde cree que podría encontrar algún encaje como carpintero metálico y soldador. Morales ha encabezado las pancartas de todos los movimientos del Archipiélago en aquella isla y su cara debe estar entre los vídeos y fotografías más vistas de las fuerzas de seguridad. Se plantaba en defensa de los derechos de los que llegaban en pateras y cayucos y recordaba que los que no alcanzaban la costa no eran un número, sino mujeres, niños y hombres que descansan en la fosa común en que se convirtieron esos 90 kilómetros de mar que nos separan de África. Se alineó con la causa de la saharaui Aminatu Haidar y, por extensión, de la reclamación de autodeterminación del Sahara. Últimamente fue agitador contra las prospecciones petrolíferas y, más reciente aún, también abucheó al ministro Soria cuando éste tuvo que salir a escape de su visita a Lanzarote. Morales ha sido detenido, interrogado, vigilado, ha padecido enfrentamientos con agentes policiales y ahora pende de él una orden de expulsión basada en una mentira, por intento de atentado contra la autoridad. Un sencillo visionado de las imágenes de la salida atropellada de Soria en Lanzarote demuestra que Morales fue un alma cándida comparada con las agresiones verbales (en el ámbito de la política o en la calle) que le dirigen a veces al presidente del PP canario. Desde el Gobierno de las Islas aún no han salido en su defensa, a pesar de contar en él con uno de sus principales activistas antipetroleros. También insisten en la Delegación del Gobierno que tiene una denuncia por malos tratos y una orden de alejamiento. La titular del Juzgado de Instrucción 6 de Arrecife archivó la causa y le dio la oportunidad de denunciar a su ex por falso testimonio, lo que éste no hizo. Tampoco activó orden de alejamiento alguna. Su causa la conocen Amnistía Internacional, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, el Congreso y el Europarlamento, además de 40.000 firmas que lo apoyan.
José Morales es el típico ejemplo de cómo el aparato del Estado, perversamente engrasado, puede acabar con la vida de cualquiera de nosotros en un instante. Morales podemos llegar a ser cualquiera de nosotros mismos. Por eso, la defensa de su causa, la limpieza de su nombre, es algo que nos debería concernir a todos.

Twitter@jmpardellas