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Lunes negro > Leopoldo Fernández

Ya no hay que esperar al viernes para recibir malas noticias. Es como si hubiera Consejo de Ministros todos los días. Ayer mismo, aparte las pésimas noticias que llegaban de la zona euro y de Grecia, que alimentaron todo tipo de rumores, España batió los registros de la prima de riesgo (en comparación con Alemania, el sobreprecio que paga España para poder financiarse en los mercados) y del pago de intereses para letras del Tesoro. En el ámbito local, la cosa tampoco mejora ni invita al optimismo. Las terribles subidas del IGIC y las malas perspectivas de empleo y turísticas son un nuevo jarro de agua fría. Tampoco el Gobierno da ejemplo con su empecinamiento enfermizo por no cortar empleo público, y cargos públicos, y burocracia pública. Prefiere quedarse en el simbolismo de subastar un centenar de coches en vez de suprimir departamentos, empresas y fundaciones inútiles. Por no hablar de la reordenación de competencias de las tres administraciones. Luego se queja de que no es comprendido y de que la indignación creciente no va con él, sino con Madrid. Pura ensoñación. Indignados estamos todos, y esa indignación se dirige contra la clase política en general. Que no se explica, no da ejemplo, se aleja del sentir ciudadano y no cambia sus pautas de comportamiento. Todo esto da aliento al movimiento del 15-M, que gana adeptos y razones. Es cierto que, por sus propias contradicciones, pierde dinamismo y da a veces la sensación de que se desinfla; pero la vitalidad y el espíritu de este movimiento social no deben desaparecer ya que constituyen una llamada de atención sobre la necesidad de cambio. ¿Acaso no urge corregir los excesos del capitalismo o luchar para que toda una generación joven pueda hallar una senda de futuro, o armar de calidad e ilusión a una democracia sin alma que solo presta atención al voto cuando sus referentes deben moverse, además, en terrenos de ética, transparencia, moralidad y compromiso? El asamblearismo desnortado y oblicuo y la falta de una organización elemental vienen lastrando el 15-M. Pero, mientras haya injusticias y el sistema no se reforme para hacerse más ejemplar el espíritu de esas siglas seguirá siendo vital. A condición de que huya de extremismos utópicos y revolucionarios. Cambio y transformación del sistema, sí; tránsitos y ensayos fuera del mismo, ni por asomo. A todas estas, la actitud de los grandes partidos políticos no invita al optimismo ya que, viendo cómo el país se dirige hacia el abismo, son incapaces de cesar en sus ataques y descalificaciones recíprocas y de asumir sus responsabilidades. Bastaría con que se pusieran de acuerdo para que ese mensaje calara en los mercados y en la zona euro, que es donde se cuecen la credibilidad que tanto necesitan nuestras instituciones, empezando por las financieras. ¿No advierten que podemos acabar como Grecia?