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Mucha crítica y poco elogio > Manuel Iglesias

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recibirá en el Palacio de la Moncloa el próximo martes al titular del Ejecutivo canario, Paulino Rivero. Esta reunión será la primera que mantienen ambos mandatarios tras asumir el primero el Gobierno de la Nación después de ganar las elecciones generales del pasado 20 de noviembre.

No hay que ser profeta para considerar que va a ser un encuentro difícil. El distanciamiento entre ambos no es sólo con respecto a estrategias y prioridades en la gestión de las circunstancias, sino también casi político-personal.
Cuando se estaba en la campaña electoral, en los meses últimos del año pasado, en algunos ambientes Rajoy comentó que había dos políticos canarios con los que se sentía especialmente dolido y agraviados, uno era Paulino Rivero, y la otra la diputada nacionalista Ana Oramas.

Respecto a esta última dicen que le molestó profundamente en aquellos momentos no sólo su creciente proximidad a los socialistas y que hiciera suyos los planteamientos de este partido, sino especialmente la intervención de la parlamentaria en el Congreso de los Diputados en la que arremetió contra el PP y utilizó calificativos como “la derechona”, que agriaron las relaciones. La consideración era que se podían tener posturas diferentes, pero en sus términos era un ataque gratuito. Con respecto a Rivero, está claro que hay un divorcio importante, no sólo porque el presidente nacionalista pactó con el PSOE para la constitución del Gobierno de Canarias, sino porque desde allí ha mantenido una crítica constante hacia la política de Rajoy en el Ejecutivo central y es casi imposible encontrar en estos meses una palabra de elogio dirigida al mismo o a algún aspecto de su gestión.

Es evidente que en la atmósfera flota también la influencia del líder del PP de Canarias, no sólo porque es ministro, sino porque tiene una muy buena sintonía con Mariano Rajoy y es lógico suponer que en el presidente conservador primaran sobre Canarias las ideas no sólo propias, que las tiene porque conoce las circunstancias de las Islas por sus actividades ministeriales y otras, sino las que Soria ha conseguido que calen en su pensamiento, tanto en los análisis de la situación -que son diferentes a los de Rivero- sino en las posibles soluciones, que, en casos relevantes, no es que difieran, sino que son incluso claramente contradictorias a las que se desarrollan actualmente.

Habrá que observar la duración del encuentro, porque permite considerar si se habló a fondo o fue meramente una entrevista prevista en la agenda. Y escuchar lo que se diga después, más allá de esos calificativos de “cordial” que se suelen apuntar, incluso después de reuniones en las que los organizadores no sirven nada que necesite cuchillos para prevenir episodios sangrientos.

La puesta es que probablemente las coincidencias serán más bien las de obligada cortesía.