... y no es broma >

Protocolos > Conrado Flores

El ser humano lleva metiendo la pata desde que vivía en las cavernas, no es algo que inventáramos hace poco. Y errores los hay de todos los tamaños. Fallos técnicos que provocaban la muerte de algún miembro de la tribu, comentarios indiscretos que te llevaban a la hoguera, chistes inoportunos que terminaban en una sala de torturas… No era como ahora, había mucho que perder si uno la fastidiaba. Con el paso del tiempo, y hartos de recibir palos, fuimos entendiendo que asumir ciertas responsabilidades implicaba correr grandes riesgos, así que a cambio se nos ocurrió exigir posición social, reconocimiento y un sueldo adecuado, más bien tirando a alto. Que tampoco era cuestión de jugarse el pellejo así porque sí.

Poco más tarde, aquellos que se encargaban de decir “esto se hace así” ya no eran cualquiera. Eran personas inteligentes, preparadas y competentes que gozaban de prestigio entre sus iguales y del respeto de las clases gobernantes. No obstante, si se te caía algún puente, se te hundía un establo o se te moría algún noble a causa de alguna extraña enfermedad, a tu alrededor seguían mirándote con ganas de pasarte por un rato por la plancha.

Como esto no podía seguir así, un buen día se nos ocurrió inventar algo que por fin acabaría con esta desazón: el protocolo. Se trataba de crear una clara serie de pautas de actuación a seguir en los casos en los que nuestra responsabilidad estuviera en juego. Así, si algo iba mal ya no sería culpa nuestra porque habíamos seguido el protocolo pertinente. De hecho soy de los que piensa que los protocolos, independientemente de lo coherentes y bien planificados que estén, se inventaron para eludir responsabilidades. Desde que nos limitamos a seguir un buen protocolo ya no nos equivocamos.

Eso sí, tampoco improvisamos. Simplemente hacemos todos lo mismo, en los mismos casos, en los mismos sitios. Y como saltarse el protocolo es una irresponsabilidad, uno no tiene ni que pensar. Hemos dejado nuestra capacidad de tomar decisiones propias en manos de las que prescribe un protocolo y, como si fuéramos actores, seguimos un guión a rajatabla independientemente de que funcione o no. Es lo que ocurre con las últimas medidas del gobierno, que sigue un protocolo de crisis. ¿Quién lo estará escribiendo?