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Recortes y responsabilidades > José Manuel Bermúdez Esparza

No son frías estadísticas ni simples cifras en un papel. La crisis económica tiene rostro, tiene cara, tiene ojos… son personas de carne y hueso que conviven diariamente con la tragedia de una situación angustiosa donde parece que solo se les pide sacrificios, pero sin que vean a cambio una salida que dé perspectivas y esperanza. Puede que esa realidad descarnada no se vea con la misma claridad desde las alturas de un Ministerio, pero desde luego se ve con toda su crudeza a pie de calle y mirando a los ojos, en el día a día de un Ayuntamiento.

Estamos sufriendo el mayor recorte de nuestra historia reciente, que afecta a servicios básicos y esenciales, con recetas que no están consiguiendo mejorar la salud del enfermo, sino agravar su situación. Una realidad que comete la tremenda injusticia de tratar por igual y aplicar el mismo tratamiento a los más débiles y a los más fuertes, a los que cumplen con sus obligaciones y a los que han mentido en sus cuentas, a los que tienen más facilidades objetivas y a los que padecen más dificultades por su lejanía. Y encima asistimos estupefactos al ejercicio hipócrita de ver a un PP que ordena brutales recortes, y luego critica las consecuencias de sus propias medidas en la prestación de servicios que dependen de esa financiación. Cuando se habla de manera abstracta de recortar 10.000 millones en Educación y Sanidad tiene consecuencias concretas cuando se acude a un centro sanitario o lleva a su hijo al colegio. Cuando se dice que se recortan 1.500 millones en políticas activas de empleo significa la pérdida de una posibilidad de trabajo para miles de personas cuya única fuente de ingresos eran los convenios temporales con las administraciones locales.

Cuando el PP recorta el porcentaje de inversión del Estado en Canarias, no solo es una cifra más en una hoja de un despacho. Porque cuando se aplica a obras necesarias, comprometidas y muchas veces ya en marcha, puede significar la asfixia y la parálisis en cosas tan concretas como la Vía Litoral, el dique de San Andrés, la playa de Valleseco o la reposición de viviendas en La Salud o en Cuesta Piedra, por poner solo algunos ejemplos aquí, en Santa Cruz.

Lo cierto es que seis meses después de las últimas Elecciones Generales no hay un solo indicador económico en el Estado que haya mejorado. Y resulta igualmente innegable que el peor de todos estos datos es el desempleo, que adquiere tintes dramáticos: con una Reforma Laboral que se ha demostrado tan injusta como ineficaz, con unos Presupuestos Generales que castigan con dureza a Canarias, y con unas medidas de ajuste durísimas y poco equitativas. Todo hace prever que Santa Cruz tendrá a finales de este año el mayor número de parados de toda su historia. Y ni todas las cortinas de humo que lancen, ni los burdos intentos de desestabilizar las instituciones podrá ocultar la responsabilidad del PP en estos datos.

No puede ser que la única receta sea cortar, cortar y recortar. Y desde luego no puede ser que algunos quieran aprovechar esos recortes económicos como coartadas ideológicas para sus propios fines políticos partidistas. Tiene que haber otro camino, y solo entre todos seremos capaces de encontrarlo, pero desde la responsabilidad y la coherencia, no desde el resentimiento y la ambición personal.

José Manuel Bermúdez Esparza es Alcalde de Santa Cruz de Tenerife