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Senegal, un ejemplo de Democracia > Bernard Lonis

El pasado 25 de marzo de 2012, el pueblo senegalés eligió a su cuarto presidente: Macky Sall. Un mes antes, la situación de Senegal era preocupante. Las televisiones internacionales transmitían imágenes de un país en caos, con manifestaciones multitudinarias y síntomas de revuelta. 

Senegal se encontraba, en aquellos momentos, según distintos medios de la comunidad internacional, en una situación cercana a la explosión de una revolución, como ocurriera previamente en otros países del norte de África. Mientras tanto, Malí, el país vecino, afrontaba sus elecciones, previstas para el 29 de abril, en un ambiente totalmente contrario, puesto que se ponía como ejemplo de cambio democrático.
Muchos empresarios e inversores estaban a la espera de lo que iba a ocurrir, habida cuenta de la incertidumbre que empezaba a rodear la situación política de Senegal, y, en consecuencia, la economía se encontraba prácticamente parada durante los meses previos a las elecciones. El que hasta la fecha presumía de ser el único país democrático africano, que no contaba con ningún golpe de estado o toma de control por parte de los militares, estaba a punto de convertirse en otro más, dentro de la triste realidad del continente africano.

El motivo oficial de las manifestaciones era la tercera candidatura del ahora expresidente S.E. Abdoulaye Wade, cuando la Constitución de 2001 solo permite dos mandatos. Pero Wade accedió al poder en el año 2000 con la Constitución anterior y su mandato estaba predefinido por siete años renovables. Sin embargo, en 2001, él mismo fue quien decidió cambiar la Constitución y hacerla más restrictiva en esos términos, de forma que los mandatos presidenciales quedaban limitados a cinco años renovables solo una vez más. El Consejo Constitucional es el órgano que vela porque las decisiones presidenciales y legislativas cumplan con la ley. El expresidente preguntó formalmente al Consejo Constitucional sobre la retroactividad del cambio constitucional que él mismo promovió, lo que le permitía acceder a una tercera legislatura.

Esa pregunta fue respondida positivamente por el Consejo Constitucional, pero la calle gritó que “no”. Se inició así un proceso de intenso debate social, en el que cada postura era defendida con sus propios argumentos y por diversos expertos. Se crearon movimientos como el denominado Y´en a Marre! (¡Estamos hartos!), el movimiento del M23, en referencia a los acontecimientos acaecidos el 23 de junio de 2011, como reacción a un propuesta del entonces presidente a un cambio constitucional, que consistía en instaurar un sistema similar al del tándem presidente-vicepresidente americano, por el que el vicepresidente podría subir a la presidencia en el supuesto de dimisión o fallecimiento del presidente. La propuesta no prosperó pero el movimiento continuó activo, en observación, hasta el día en que el Consejo Constitucional respondió afirmativamente a la propuesta del expresidente Wade.

En esta delicada situación se encontraba Senegal, hasta que llegó la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Fue entonces cuando, de los 14 candidatos validados se produjo una unión entre 13 de los mismos, una unión que se conformaba contra el expresidente Wade y que encabezaba el actual presidente Sall, que ganaría las elecciones del 25 de marzo con un 65% de los votos. El electorado, que apoyaba a Wade, aceptó cordialmente la derrota y, apenas una hora y media después del cierre de las oficinas electorales, Wade llamó a Sall para felicitarle por la victoria.

 Una vez más, y en contra de lo que las circunstancias podían hacer pensar, la democracia senegalesa se convertía en la ganadora de estas elecciones. El pueblo senegalés se puede enorgullecer. No solo se ha confirmado su espíritu democrático, sino que también se ha fortalecido con esta experiencia. Ya empiezan los inversores a llenar los hoteles de Dakar.

Ahora, el nuevo presidente de 51 años tiene que enfrentarse a una dura realidad. El pueblo senegalés esta esperando mucho de su mandato. El desarrollo del sector de la agricultura es una prioridad absoluta. El nuevo presidente se ha comprometido a destinar 3.000 millones de euros (el equivalente al presupuesto total del Estado) en los próximos cinco años al sector primario. Al pasear por las calles de Dakar, y hablando con los habitantes, la queja principal es el precio de los productos básicos de alimentación como el arroz, el azúcar y el aceite.

Macky Sall tendrá que ofrecer soluciones rápidas para que se note el cambio, rápidamente, en el bolsillo. Otro de los problemas que perjudican en la vida cotidiana en Senegal son los cortes de luz. La capacidad de producción no llega a satisfacer la demanda, cada día mayor. Senegal necesita más infraestructuras, empresas de tratamiento de residuos, de agua, de construcción… Senegal ofrece también oportunidades en sectores como la minería, la pesca, la agricultura…

El presidente y su primer ministro nombraron a un gobierno restringido (25 ministros frente a los 40 anteriores) y apuestan por reducir el gasto del Estado. Nombró, entre otros, a algunos grandes amigos de Tenerife como son, por ejemplo, D. Cheikh Bamba Dieye, alcalde de San Luis, y ahora Ministro de amenagement du territiore et des collectivités locales y a Youssou N’Dour, cantante de renombre internacional y empresario a la cabeza de un grupo de prensa (Futurs Médias), nuevo ministro de Cultura y Turismo. Para el este mes de mayo, Youssou N’Dour prepara uno de sus primeros viajes en calidad de ministro hacia Canarias. Estará el 19 en Las Palmas de Gran Canaria y hasta el 22 en la isla de Tenerife.

 Desde que empezó la crisis en Europa, muchos dicen que la salida para Canarias pasa por convertirse en plataforma entre Europa, América y África. Senegal se está construyendo. Ya han vuelto los americanos, los chinos y los franceses. Canarias y sus empresarios pueden jugar un papel  importante en el continente vecino. El África subsahariana es un mercado de 425 millones de habitantes. Un mercado que se encuentra a las puertas de Canarias. Y Senegal, no es solo la puerta de entrada natural, sino también, con la lección de democracia que acaba de impartir en África, la puerta de entrada más segura. Y el momento es ahora.

*Cónsul de Senegal