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Telarañas, por Óscar Herrera

La sensación es de alivio, de haber conseguido un objetivo que se estaba poniendo crudo a pesar de haber estado toda la temporada entre los cuatro primeros clasificados. Por eso la victoria ante el Oviedo ha traído la tranquilidad al Tenerife y su entorno. Todavía no se ha certificado la clasificación para la lucha final por el ascenso. Sería bueno ganar el Domingo en Luanco y no apurar opciones en la última jornada en un partido que se te puede complicar. Pero en circunstancias normales, la clasificación es un hecho e incluso se puede aspirar al segundo puesto lo que no sería trascendente pero daría alguna ventajilla extra para las series finales.

Y como telón de fondo de este tramo final de la liga, están los retrasos en los pagos a la plantilla. Algo que habla a las claras de como es la situación del club por mucho que se nos pinte como que estamos en el camino del saneamiento. La deuda se ha rebajado, eso es evidente, pero la falta de liquidez y de ingresos son un lastre que parece difícil soltar. La situación es limite y las deudas a corto plazo y los ingresos del Gobierno de Canarias, que no acaban de llegar, pueden ahogar de manera irreversible la tesorería de la entidad. El ascenso se hace urgente, el retorno a la Liga Profesional con un aumento de ingresos en conceptos como televisión, publicidad, y abonados, es una imperiosa necesidad para seguir con vida, con respiración asistida, pero vivos.

El entorno de una sociedad cada día mas pobre y con la nula imaginación y lo poco emprendedores que son en el Tenerife, no auguran un futuro muy solvente. Ahora mas que nunca, el club debería articular toda su capacidad como empresa con tirón e imagen y buscar formulas alternativas para crecer social y económicamente. Pero visto lo visto, no espero milagros en ese sentido. Ahora que veo como el C.B. Iberostar Canarias, se esfuerza para dar viabilidad al éxito deportivo de militar en la Liga ACB la próxima temporada, refuerza mi teoría de que en la gestión deportiva hace falta ilusión y fe, amén de respaldos y padrinos varios. Y no se si lo acabarán consiguiendo en La Laguna, pero de lo que no me cabe duda es de que lo van a intentar, y conociendo como han llevado la gestión del club aurinegro en los últimos años, no descarto que lo consigan. Ahí es donde entra la parálisis del C.D. Tenerife. El inmovilismo que ha hecho que sea un club de cartón piedra, con una fachada que mantiene la imagen conquistada hace unos lustros pero con un interior anticuado y triste. Una pena pero siguen sin darse cuenta. Solo nos queda el milagro del Dios del fútbol, ese que te puede devolver a Segunda División casi sin merecerlo.