V CONGRESO DE COALICIÓN CANARIA > ENMIENDAS Y ANÁLISIS

A la orilla del río

Imagen de archivo del IV Congreso Nacional, el que eligió a Claudina Morales como presidenta en sustitución de José Torres Stinga. / DA

POR JORGE BETHENCOURT

Cuando los insularistas dejaron de serlo, la razón de mayor peso era la “evolución ideológica” hacia un nuevo nacionalismo canario. Algunos consideraban muy rudimentario el equipaje político de unas fuerzas que defendían la construcción de Canarias “de abajo hacia arriba”, desde los pueblos a la isla y desde las islas hacia el Archipiélago. Pero andado el tiempo, la evolución ideológica se quedó atascada en una conveniente indefinición donde tanto cabe un regionalista moderado como un independentista incómodo. Coalición Canaria es un generoso paraguas de fronteras indefinidas donde coexisten muchos pensamientos a veces discrepantes.

Y es que, en realidad, Coalición nació por otras razones. Nació para incorporar a la gente de Ican de Mauricio y los centristas de Olarte, en Gran Canaria, acabando con el experimento de gobernar “seis a uno” y después de que todos los intentos de crear una fuerza insularista en Gran Canaria terminasen en fracaso. Y nació, además, para establecer un aparato de control político de un partido normal porque el desgaste de poner de acuerdo a los barones insulares de las AIC llevaba mucho tiempo y mucha paciencia y requería de un déjame entrar que sólo gente como Manuel Hermoso podía ejercer con éxito.

El experimento de Gran Canaria terminó en un gran naufragio. José Carlos Mauricio es uno de los cerebros mejor amueblados de Canarias, pero frecuentemente suele cambiar los muebles de sitio. Los restos del barco hundido los heredó Román Rodríguez que acabó creando, con éxito, un partido insularista y regresando a los orígenes de la de las AIC.

El éxito de los insularistas estuvo basado en un discurso apegado a la isla y en la negociación constante de los intereses de cada territorio en el reparto de la tarta de poderes y dineros públicos autonómica. Coalición heredó ese éxito y, como suele pasar en la vida, los hijos acaban dilapidando la fortuna de sus padres. Los dirigentes insulares desaparecieron sustituidos por la imagen de un liderazgo regional. Y el movimiento político que había creado tantos cuadros se vació para ocupar cargos y más cargos en las instituciones. Coalición ha existido más en los gobiernos que en un partido que carece de visibilidad y protagonismo en la vida política de Canarias. El “hemos perdido la calle” que hoy se asume como cierto entre los nacionalistas empieza porque han perdido la isla y ya algunos militantes no ocultan su nostalgia del tiempo en el que las AIC eran “otra cosa”.

Enfrentados a unos resultados que hablan de un lento declive en los apoyos electorales, Coalición celebra un congreso especialmente importante si quieren marcar un punto de inflexión con el reciente pasado. Además del desgaste de gobernar, entre los nacionalistas se entiende que hay que reconectar el partido con las bases. Pero existen graves problemas.

Una profundización en el ideario nacionalista -como quieren los halcones de CC- es algo muy conveniente para el PP a quien se le dejaría espacio libre en la masa de votos de una clase media canaria que se siente identificada con el pragmatismo de pedir más dinero a Madrid, pero que siente pánico de las veleidades independentistas y africanistas. Entre la actual dirigencia de Coalición creen que el actual clima de enfrentamiento con Madrid marca distancias de otras épocas en las que la colaboración con los Gobiernos centrales ha mermado el protagonismo reivindicativo de los canarios. La responsabilidad de Estado y los apoyos a los partidos políticos de ámbito estatal han costado votos. Gobernar “contra” Madrid conecta más con los ciudadanos y hace innecesaria una mayor definición de los límites políticos y temporales del nacionalismo. Esta es una tesis. Al otro lado están los que creen que un nacionalismo no existe sin un propósito de nación y que, por tanto, Coalición tiene que aclararse.

Pero dudosamente optará CC por esa aclaración. En una sociedad con una gran presencia de conciudadanos de otras comunidades autónomas, electores por tanto, lo consideran un suicidio. Y además innecesario. Entre quienes hoy se manejan en el aparato ideológico de CC la evolución se mueve en mantenerse el terreno reivindicativo ante el centralismo (seguir en un regionalismo pragmático de paz por compensaciones financieras) y por la Europa de las regiones, que irá diluyendo poco a poco a los aparatos centrales de poder de los Estados miembros y, todo lo más, por un discurso de soberanía fiscal y económica.

La incógnita es cómo se manifestará la frustración de muchos militantes y cuadros que se sienten desconectados de un partido que no existe. No es un asunto ideológico sino de que nadie cuide la finca. En los movimientos precongresuales el ruido viene por el descontento de muchos con la figura de un presidente de partido que sea a la vez presidente del Gobierno. Pero eso no es poner el discusión el doblete, es poner en cuestión a Paulino Rivero, a quienes algunos responsabilizan de haberse aislado en el Gobierno dejando al pairo al partido. Es posible que el ruido sea más que las nueces. Pero hay ruido.

El desgaste de un poder largamente ejercido tiene mucho que ver con la situación de CC. Pero como dice uno de sus líderes “la idea de Coalición es tan buena, que a pesar de lo mal que lo hacemos sigue funcionando”. Y además, añade, “los adversarios son tan malos que lo ponen fácil”. Al líder de los nacionalista que hace este balance off the record se le olvida señalar que la configuración electoral de las islas hace imposible hoy por hoy las mayorías absolutas, lo que ha permitido a CC convertirse en el eje sobre el que pivotan todos los gobiernos posibles.

Coalición llega a este congreso, además, en un escenario que jamás había conocido. La incomprensible política de actuaciones en materia de medios de comunicación del Gobierno de Rivero (radios, televisiones digitales, alianzas con la prensa) han situado a los nacionalistas en un terreno de confrontación e incomodidad con gran parte de las empresas de comunicación de las Islas. Sólo el hecho de que el PP siga sin armar una política de relaciones con los medios canarios y que el PSC-PSOE se esté lamiendo las heridas recientes de sus propios desgarros, ha evitado que ese panorama se haya vuelto más oscuro. Las simpatías que en su día despertó entre los profesionales un emergente insularismo de gente cercana y accesible ya es historia. Y los apoyos mediáticos que se granjearon con campañas publicitarias y alianzas han desaparecido -casi- tragados por el sumidero de la crisis.

Y por último, lo más importante. Más de dos décadas de gobierno nacionalista. La agricultura y la industria canaria en caída libre. La construcción en estado de coma por la recesión y las moratorias. Más de 360.000 parados. El Gobierno subiendo impuestos para seguir manteniendo servicios esenciales para los ciudadanos (y algunos otros esenciales para el Gobierno). Y unas previsiones que dependen de que Madrid no haga nuevos recortes que producirían aquí un eco terrible. Hay datos para pensar que hacen falta cambios radicales, revolucionarios, que nadie ve por ningún sitio en una política instalada en mantener a flote, a duras penas, un barco que ya no avanza.

El congreso de Coalición Canaria no sólo tendría que dar respuestas hacia dentro, sino que podría dar muchas respuestas hacia afuera, hacia una ciudadanía desfondada que las necesita.

Pero es un hecho probado que la mayoría de los congresos de partidos políticos acaban con más preguntas que respuestas. Pencas no dan plátanos, como diría uno de tierra adentro.

Tal vez, en el fondo, se trata de que se cumple el ciclo que recoge con gracia esa copla canaria: “A la orilla del río se baña una loca. Cada uno se jode cuando le toca. Cuando le toca, niña. Cuando le toca”.