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Adiós a otro sueño > Jorge Bethencourt

Vaya por delante que no entiendo mucho de fútbol. Sé distinguir un equipo bueno de uno malo, eso sí. Y ayer jugó, con la camiseta del Tenerife, un equipo mediocre, sin ideas, sin cabeza, sin nervio y sin garra. Un equipo al que le pesaron las botas o la responsabilidad.

La frustración hace que busquemos culpables de los sueños que se desvanecen. La gloria tiene muchos padres disponibles, pero la derrota no suele encontrar ningún responsable. Conforme el frío helado de la decepción entraba por los huesos la gente que miraba el partido empezaron buscar con entusiasmo los chivos expiatorios del imaginario popular. Hay varios y de todo tipo. El presidente y la junta directiva, que han hundido a un equipo de primera en el pozo más profundo del fútbol español. Los entrenadores, aquel o éste, que no han contado con la gente el país y han hecho un equipo de mercenarios que no sienten los colores. Los jugadores que no pusieron toda la carne en el asador. El árbitro que nos robó un penalti a favor y nos pitó uno en contra inexistente…

La gente necesita echarle la culpa a alguien de que sus sueños naufraguen. El fútbol, en realidad, son esos once tipos en pantalones cortos que pegan patadas y cobran por ello. Y a poco que lo pensemos llegaremos a la fácil conclusión de que no tenemos un equipo como para pensar en que merecemos más de lo que tenemos. Hay una afición que ha acompañado al Tenerife en el viaje a los infiernos. Una gente fiel que ha seguido entregando su ilusión y su dinero, domingo a domingo, a pesar de la devaluación deportiva de aquellos colores que estuvieron en lo más alto del fútbol nacional. Luego, ayer, llegaron los que Juan Galarza llama “coleccionistas de acontecimientos”. Miles de personas que se sumaron a lo que prometía ser un histórico momento de ascenso.

No pudo ser. Pero no nos robaron el sueño. La madurez se adquiere cuando uno no se refugia en las excusas para justificar el fracaso. El equipo que ayer jugó contra el Tenerife fue mejor. Y suele pasar, casi siempre, que los que hacen mejor las cosas ganan a los peores. La isla perdió un tren. Otro más. No es el primero, ni será el último. Ni el más importante que perdemos. Hace bastante que la Isla está cayendo con abúlica paciencia en la tercera división del progreso. Y para esa derrota no hace falta inventarse responsables buscando jugadores, árbitros o mala suerte. Basta con que nos miremos en un espejo.

Twitter@JLBethencourt