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¡Así no hay quien viva! > Raquel Lucía Pérez Brito

Una vez que supimos que el pueblo griego había dado el respaldo al euro en sus elecciones generales, parecía lógico pensar que podríamos tener algo de tranquilidad. El lunes a primera hora los mercados abrieron en verde y con una euforia que pronto se desvaneció. El motivo, según parece, fue que los mercados esperaban una acción coordinada de los bancos centrales que no se produjo, precisamente porque los resultados en Grecia permitían dar un margen de tranquilidad. Esa acción coordinada que se esperaba no era otra que intentar paliar el posible caos financiero que se hubiera podido producir si todos los europeos decidían retirar los fondos de los bancos en el caso de que en Grecia los resultados electorales hubieran sido distintos.

Con esta nueva situación, los mercados de pronto consideraron que Grecia ya no era el problema principal de la jornada y desviaron su atención hacia España. Conocer el dato de la morosidad en la banca española, que se ha situado en el 8’8%, el más alto en los últimos 18 años, tampoco ha ayudado mucho. En conclusión, esto provocó que el bono español alcanzara el nivel crítico del 7% y la prima de riesgo alcanzara 570 puntos, batiendo récords. Ahora los ojos están puestos en la cumbre del G-20, donde se espera que los europeos, que pertenecen al grupo, pueden dejar claro que Europa está unida y que la unión fiscal será el siguiente paso inequívoco para poder llegar a concretarla con eurobonos.

Los Estados Unidos de Europa, del que tanto se ha hablado, no es una opción más, visto los acontecimientos como se precipitan, se trata de la única opción que puede permitirse, en estos momentos, la Unión Europea. Si las decisiones se retrasan, las consecuencias para España serán muy duras. España no podrá crecer y si lo hiciera estaría sometida al pago de unos intereses tan elevados que no podría soportarlo de ninguna manera. Por ello, no es de extrañar las peticiones continuas que nuestro Gobierno está haciendo a las instituciones europeas, y más concretamente al Banco Central Europeo, para que intervenga urgentemente y relaje la tensión que los mercados están provocando en nuestro país. No hacerlo es sinónimo de permitir que existan dudas sobre la capacidad de recuperación de la economía española y, por ende, sobre el futuro del euro. Es difícil saber qué más puede hacer España para convencer a sus interlocutores europeos de la necesidad de actuar rápido y de forma contundente.

Lo que sí parece razonable que todos entiendan es que con la prima de riesgo en estos niveles, España no podrá soportarlo. Y si cae España los demás vienen detrás y ninguno de nuestros socios europeos saldrá beneficiados de esta situación. Era imprevisible que después de los resultados electorales favorables de Grecia los mercados nos fueran a castigar de esa manera. ¡Así no hay quien viva!

*Economía, abogada y licenciada en Ciencias Políticas | @errelu