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Baifocentauro > Alfonso González Jerez

Hace apenas tres semanas Paulino Rivero afirmó que no se le pasaba por la cabeza ser presidente de Coalición Canaria. Lo repitió en público y en privado, a periodistas y a alcaldes. Estoy seguro de que fue así. Nunca se le pasó por la cabeza, sino por las gónadas. Lo peor es que en ningún momento, en el mismo transcurso del V Congreso Nacional de CC, ni Rivero ni su secretario general, José Miguel Barragán, explicaron al plenario ni su programa ni las razones de la incorporación del jefe del Gobierno a la nueva comisión ejecutiva. Es uno de los rasgos característicos del déficit democrático de CC: los que se presentan para dirigir la federación, la fuerza política que encabeza el Gobierno autónomo y controla cabildos y ayuntamientos, ni explican sus propósitos ni concretan sus compromisos con los delegados del Congreso. El hecho de que el pasado domingo se exigiera la votación secreta a la única candidatura presentada evidenció que algo singularmente grave estaba pasando. Los sectores opuestos al tándem Rivero/Barragán sabían que no podían ganar -las operaciones en las que participaron José Miguel Ruano, Marcial Morales y Fernando Redondo hicieron gala de una torpeza confusa y dubitativa- pero sí evidenciar el amplio malestar existente entre notables y organizaciones insulares. Y lo hicieron con rotundidad: más del 42% de los compromisarios rechazó la candidatura. En la mejor tradición del surrealismo coalicionero varios de los militantes que figuraban en la candidatura una, grande y libre votaron en contra de la misma. Rivero y Barragán le deben su debilitado triunfo al apoyo sin fisuras de los delegados grancanarios. Los rumores de los pasillos del Recinto Ferial -jamás CC vivió un congreso tan repulsivamente preñado de advertencias, amenazas, presiones, descalificaciones y cachanchaneos- eran muy alarmantes: apuntaban a una casi inminente crisis de Gobierno que permitirá a Fernando Bañolas regresar al Ejecutivo, acompañado por varios fraternales compañeros. En el centro de la crisis interna de Coalición como organización política, ahora evidenciada y que en el futuro se proyectará en varias organizaciones insulares y comités locales, se entrelazan la frustración por los obstáculos a la crítica y la democracia orgánica y el empecinamiento de Paulino Rivero de transformarse en una suerte de baifocentauro: mitad presidente del Gobierno mitad presidente del partido. Sin duda Rivero cree que la presidencia cuasisimbólica de CC resultaba imprescindible a fin de optar, con ciertas garantías, a la candidatura presidencial para las elecciones de 2015. Pero más bien cabe sospechar lo contrario: el pasado fin de semana ha dilapidado casi todo su capital político para intentar esa prodigiosa escalada.

Twitter @AlfonsoGonzlezJ