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Condición indispensable > Tomás Gandía

Nadie está libre de errores. Si quien incurre en ellos los reconoce, se enmienda mucho más pronto que el tímido y vacilante, tan receloso de equivocarse que no se atreve a emprender cosa alguna.

Aquellos que auguran la seguridad absoluta y permanecen a orillas de la corriente, esperando que alguien los empuje, nunca llegarán al margen opuesto. Una de las peores sensaciones de impotencia está en observar a la persona que siempre tiembla pendiente de la balanza, que jamás sabe por dónde ir al encontrar una bifurcación en su camino, que resulta presa de contrapuestas opiniones, y que no es capaz de sentir la fuerza de adoptar una resolución. Mucho perjudica al crédito personal el maldito defecto de la inestabilidad de convicciones, de mudar de opinión como de camisa, y dejarse llevar por el criterio ajeno.

Gran número de gente parece tener invencible horror a las definitivas decisiones. No se atreven a echar sobre sus hombros responsabilidad alguna porque ignoran dónde les llevará. Se figuran que si hoy se deciden acerca de un asunto, acaso mañana sobrevenga algo mejor que los mueva a lamentar su decisión. Pierden por completo la confianza en sí mismos, y no se atreven a resolver ningún asunto de importancia, estropeando muchos de ellos su porvenir por alimentar el funesto hábito de la indecisión.

Una de las tragedias de la vida es ver malogrado un talento esclarecido, una aptitud extraordinaria con facultades excepcionales por alguna debilidad fácil de extirpar. Millares de individuos vegetan hoy en la medianía con sobrada envergadura para remontarse a las cumbres de la excelencia si no fuese porque tienen la flaqueza de no saber decidirse.

Parece ser que para llegar al grado de discernimiento requerido por una acertada resolución en los casos graves de la vida es preciso haber pasado antes por las etapas de educación integral en que el muchacho aprenda a dominar sus pensamientos y gobernar sus emociones a fin de no perder ni una pizca de sus energías anímicas. Sin esta “condición indispensable” se desviarán las fuerzas internas en sentido opuesto al éxito de la vida.