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Crecimiento y austeridad > Jorge Bethencourt

Estoy hasta el fistro duodenal de escuchar que la solución a los problemas de España consiste en que el Banco Central Europeo le dé a la manivela de hacer dinero. Como ahora todos somos máster en economía y primas de riesgo por la Universidad de Krugman, hemos descubierto que la solución a la crisis no está en los conventos de clausura; es decir, en la austeridad, sino que se encuentra en aquellas botellas de calcio que nuestras madres nos daban en horrorosas cucharadas para estimular el crecimiento.

Acabáramos. Si el problema es el crecimiento sólo se trata de imprimir más papel moneda. En fin. Aunque alguien se muera de un derrame cerebral habría que matizar que emitir demasiada moneda tiene efectos devastadores sobre las economías a medio plazo. Según el Fondo Monetario Internacional, ese organismo que busca directores entre los faunos que brincan por los hoteles persiguiendo camareras, la economía europea genera menos de un dólar de producto interior bruto por cada dos euros y medio de deuda. Para que me entiendan, que producimos menos de lo que debemos pagar. Y sin querer parecer muy pesimista, el Banco Central Europeo tiene ya una endeudamiento monstruoso que asciende a unas 25 veces sus activos (unos 82.000 millones en capital y reservas), con lo que seguir aumentando su exposición parece un asunto altamente peligroso.

No puede haber crecimiento a costa de mayor endeudamiento. Esto parece un asunto de cajón. Pero Europa está incendiada porque todo el mundo quiere pasta. Desde los agricultores a los mineros, desde Canarias a la Generalitat de Cataluña, todo Dios está con la mano extendida defendiendo sus derechos a recibir más ayudas. No hay cama para tanta gente. En este país se sostiene el discurso de que hemos acometido una política de austeridad insoportable. Sólo que es falso, porque el pasado año pedimos casi 100.000 millones de euros prestados para mantener el chiringuito. Las administraciones públicas en España se niegan ferozmente a recortarse. España pide dinero prestado y además exprime como un limón a sus clases medias, recarga la fiscalidad sobre el consumo y el trabajo, para mantener dos discursos antitéticos: por un lado mantener el estado de bienestar y por el otro hablar de lucha contra el paro y crecimiento económico. En términos de recesión ambas cosas son incompatibles. Emitir más y más moneda, como los asignados de Mirabeau en la Francia revolucionaria, nos llevaría a un euro con el valor de los billetes del Monopoly. Pero aquí vale cualquier cosa excepto afrontar la realidad.

Twitter@JLBethencourt