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Cuando Santa Cruz arrebató la capitalidad de la Isla a La Laguna

Calle de San Francisco, Santa Cruz de Tenerife, sobre el año 1890.- Foto: cedida por la Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía de Canarias (FEDAC).- Autor: anónimo

AGUSTÍN M. GONZÁLEZ | Santa Cruz de Tenerife

Santa Cruz es la capital de Tenerife por un capricho del destino. O mejor dicho, por el capricho de un comandante general. La primera capital de la Isla fue San Cristóbal de La Laguna, que, junto a La Orotava, fueron los dos principales asentamientos de los colonizadores tras la Conquista. Más tarde, a finales del siglo XVII y principios del XVIII, Garachico se convirtió en la nueva capital económica de la Isla gracias al desarrollo que propició su próspero y estratégico puerto natural. Hasta que en 1706 la erupción del volcán de Trevejo o Arenas Negras sepultó el puerto norteño y cedió definitivamente la primacía insular a Santa Cruz, donde terminó asentándose la gran metrópoli tinerfeña. Sin embargo, fue la decisión de un gobernador lo que marcaría para siempre la hegemonía oficial e histórica de la ciudad de Santa Cruz.

El investigador Juan Arencibia cuenta en varios de sus libros que los comandantes generales de Canarias fueron durante varios siglos la primera autoridad del Archipiélago, la representación de la Corona española y casi tan poderosos como los virreyes de las provincias de América. Después de la Conquista de las Islas, los comandantes empezaron residiendo en Gran Canaria. Pero a mediados del siglo XVII se trasladó la Comandancia a Tenerife, que por entonces era la isla más importante y próspera. Así, la sede gubernativa se emplazó en San Cristóbal de La Laguna, hasta el 21 de febrero de 1723, cuando el comandante general Fernández de Villavicencio, marqués de Valhermoso, decidió irse a vivir a Santa Cruz, lo que luego continuaron haciendo sus sucesores. La decisión del comandante general provocó que todo el comercio de la Isla se concentrara junto al puerto santacrucero.

Como escribió el historiador José de Viera y Clavijo, “el traslado del marqués de Valhermoso a Santa Cruz -concretamete al Castillo de San Cristóbal- dio al vecindario el lustre, aumento y extensión que desde entonces adquirió”. Su traslado llevó aparejada la de su corte de subordinados, funcionarios y un elevado número de comerciantes.

Arencibia concluye que la erupción de 1706, el citado traslado de la sede del comandante general y el auge de su puerto fueron las principales razones del despegue de Santa Cruz, que, quizás, no hubiera sido ni capital insular ni de Canarias si la Comandancia General hubiera continuado en La Laguna. Caprichos de la historia.