in memoriam > Antonio A. Castro Corbobez

Eficaz y honesto > Antonio A. Castro Corbobez

Resulta difícil y doloroso cambiar la presencia amable, la sonrisa cordial, el consejo, el comentario oportuno y la ocurrencia ingeniosa, por el recuerdo imborrable de un amigo que, tal y como vivió, se fue sin ruidos ni alharacas. También cuesta disociar la imagen de este periodista serio y riguroso, que tan pronto diseccionaba la actualidad con precisión y rigor como comentaba con una sorna, de rancia raíz isleña, cualquier dislate que por sus dimensiones ganaba un lugar en los medios. Aún me dura la consternación de la noticia, comunicada por un amigo común cuando estaba a punto de subir a un avión. Entre la sorpresa y la pena emergió la figura de Manuel Iglesias, cuya repentina muerte me devolvió a los primeros años de la Transición, cuando políticos e informadores nos preparábamos para un tiempo nuevo y deseado, cuando las relaciones humanas estaban bien calificadas, cuando la mayoría social y sus agentes remaban en la misma dirección. Manolo, a cuya ausencia tardaré a acostumbrarme, debutaba en la información libre, sin la amenaza del riesgo y la censura, cuando los primeros representantes populares aprendíamos a sintonizar con las necesidades y las aspiraciones de los ciudadanos que nos habían dado su confianza y el mandato de entendernos. Sabía buscar y dar con las claves de un asunto por complejo que fuera, conocía la condición humana y tenía un criterio estricto y un pulido lenguaje para tratarlo, tenía una especial lucidez para separar lo relevante de lo insustancial y no gastaba tiempo ni energías en nada que no valiera la pena. En su oficio, Iglesias cumplió con creces las exigencias que se le plantearon a la prensa democrática y además con el valor añadido de una persona cabal, honrada y leal hasta niveles admirables. Cuando los años nos permiten analizar el pasado con cierta perspectiva, resulta obligatorio valorar su fino olfato periodístico iniciado en La Tarde, una escuela para grandes profesionales tinerfeños, y consagrado en DIARIO DE AVISOS, donde transcurrió la mayor parte de su vida profesional y donde desempeñó cargos de responsabilidad máxima. Desde mi experiencia personal, puedo afirmar que en su profesión fue riguroso, oportuno, discreto, con un conocimiento profundo de la realidad económica y social de Canarias. Vivió intensamente la Transición y, precisamente por eso valoró tanto la democracia y exigió tanto respeto a sus reglas. Fue el pionero del periodismo gastronómico y el fundador de los premios DIARIO DE AVISOS. Recuerdo cuando en la Consejería de Agricultura y Pesca me visitó para contarme este proyecto. En aquel momento descubrí una dimensión apasionada de Manuel Iglesias, que, con otros colegas, convirtió la cocina canaria en una novedad para especialistas. Ahí fijo la memoria y me sumo, con el mayor afecto, al dolor de a quienes él quería y amaba, su familia, su medio, el DIARIO. Descanse en paz.

Antonio A. Castro Corbobez es Presidente del Parlamento de Canarias