sin excusas >

El contubernio de Münich de 1962 > Raquel Lucía Pérez Brito

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir, en la Casa de América, a unas jornadas dedicadas a recordar lo acontecido en Münich, en el IV Congreso Internacional del Movimiento Europeo. El objetivo global del congreso era estudiar la democratización de las instituciones europeas y los medios necesarios para la creación de una comunidad política, capaz de impulsar realmente la construcción de los “Estados Unidos de Europa”. Para ello, entre otros, se había organizado un coloquio dedicado al análisis de la situación española. Con dicha excusa, la ciudad alemana fue testigo de cómo 118 españoles pertenecientes a todas las fuerzas de la oposición al franquismo se reunían. Era la primera vez que, después de la Guerra Civil, se escenificaba una reconciliación nacional de ese nivel. Los españoles que acudieron a dicha reunión militaban en las filas de partidos monárquicas, democristianos, liberales, socialistas, nacionalistas del País Vasco y de Cataluña y hasta había dos comunistas, que estuvieron por los pasillos sin poder formar parte del congreso, pero allí estaban. Al hacerse posible que en una mesa representantes de tan distintos partidos  fueran capaces de superar los recelos en busca del consenso, todas las puertas que parecían bien cerradas se abrieron de par en par para los españoles. Hay que recordar que estaban presentes gentes que habían combatido en la guerra en trincheras distintas como fue el caso del monárquico Joaquín Satrústegui y de Rodolfo Llopis dirigente del PSOE en el exilio. El régimen franquista calificó dicha reunión de “contubernio de Münich”, es decir, de alianza vituperable o cohabitación ilícita si nos ceñimos a la RAE. Al regreso a España de los participantes del congreso, que no estaban exiliados, se encontraron con la policía franquista  que les esperaba en los aeropuertos y estaciones. Muchos de ellos se vieron obligados a exiliarse como Carmelo Cembrero; otros fueron desterrados a Fuerteventura como Satrústegui y Álvarez de Miranda; y en el mejor de los casos, algunos perdieron sus puestos de trabajo o fueron perseguidos policialmente. Pero hoy, parece indiscutible que ese encuentro cambió el rumbo de la historia de España. En la mente de los que escuchaban y no podían hablar libremente quedaba claro que el cambio era posible. No pudieron derrocar a la dictadura, pero sí es cierto que, de alguna manera, se sentaron las bases de la democracia en España y del europeísmo. Tuvieron que esperar hasta 1977 para que se celebrara en España las primeras elecciones democráticas, pero muchos de los que participaron en el Congreso destacaron como políticos en la época democrática de nuestro país. Para mí ha sido muy llamativo comprobar que, en lo que en España se ha denominado “El contubernio de Münich” de 1962, ya se hablaba de la necesidad de crear los Estados Unidos de Europa. Esta opción hoy, 50 años más tarde, sigue siendo la más interesante para los españoles. Como dice la frase de Ortega y Gasset: “España es el problema y Europa es la solución”.

*Economista, abogada y licenciada en Ciencias Políticas