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El Obispado renunciará a su proyecto de iglesia con centro comercial en Alcalá si no llegan inversores

Foto de 1900 de la ermita, derribada hace poco más de un año. / DA

VICENTE PÉREZ | Guía de Isora

Hace ya un año que el Obispado derribó, en medio de una gran polémica vecinal, la ermita de Alcalá, edificada a finales del siglo XIX, alegando para ello su estado de ruina y el riesgo de que se desplomara sobre los viandantes. Hoy, de aquel templo centenario solo queda un solar vallado, donde se pretende edificar una nueva y moderna iglesia, mucho mayor, sobre un centro comercial y aparcamientos cuya venta a empresarios permitiría financiar los más de 3 millones que costarían las obras.

El Obispado, por boca de ecónomo, Carlos Oliva, reconoce ahora que la crisis económica ha frustrado de momento esta opción, y que, de continuar durante muchos años la falta de inversores privados, no descarta renunciar a este proyecto para sustituirlo por uno “más modesto”.

Como entonces, parte de los vecinos sigue mostrando su disgusto con la demolición, y mantienen sus suspicacias, pues cree que el barrio, incluso fieles que asisten a los actos religiosos, desconocía que el proyecto para el que se recogen fondos desde hace años implicaba la desaparición total de la ermita, cerrada desde hace siete años por el mal estado del techo.

Así lo ha mostrado a este diario un grupo de ciudadanos que intentaron evitar el derribo, llevado a cabo el 21 de junio de 2011, y que siguen reclamando que alguien les conteste “a tantas preguntas sin respuesta” que hicieron entonces.

Por ello, solicitan una reunión con el Obispado para que les muestre los informes técnicos que justificaron esta drástica medida, ya que, si bien era público y notorio el mal estado de la techumbre, no tienen tan claro que las paredes también fueran insalvables, así como conocer la viabilidad económica del nuevo proyecto, que ven desproporcionado y una ruptura con la imagen tradicional del antiguo templo. Además, entienden necesario buscar el consenso en el barrio sobre el diseño de la nueva iglesia y su viabilidad económica.

Preguntado al respecto, el ecónomo de la Diócesis de Tenerife, Carlos Oliva, afirma que cuando el pasado año la Asociación de Vecinos Coluca pidió una reunión, luego no fue posible contactar telefónicamente con su directiva, “a la que incluso el Obispado le remitió una carta certificada comunicándole que estaba dispuesto a reunirse con ellos”.

Nada que ocultar

Como quiera que la directiva cambió posteriormente, y ante las quejas vecinales conocidas por este periódico, Oliva reitera la máxima disposición de la institución eclesiástica para ofrecer la información que requieran estos ciudadanos, pues enfatizó que “el Obispado no tiene nada que ocultar”.

El responsable de las finanzas diocesanas aduce que existe un informe técnico que avaló el derribo: “No la demolimos porque nos apetecía, sino porque nos indicaron que había peligro para la seguridad de los viandantes, y si pasaba una desgracia, el responsable era el Obispado”. Añade que la intención de los locales comerciales y los aparcamientos soterrados previstos no es otra que financiar la obra del nuevo templo. Pero reconoce que no se ha movido una piedra por la falta de inversores privados.

“El proyecto nació en una época con una situación económica que no es la que hay hoy, y si esta crisis se prolonga y esa posibilidad no es viable, habría que estudiar cambiar el proyecto, pues a lo mejor nos contentamos con un templo humilde que acoja a la gente que va a misa”, reflexionó Carlos Oliva. En todo caso, señaló que la opción de que el Obispado asuma la inversión prevista sin participación privada “si bien no está descartada, no es, a bote pronto, sensata, pues no estamos en momento en que necesitemos grandes templos, ya que no asiste tanta gente y hay un coste de mantenimiento”.

Al tiempo, estima que “las necesidades barrio están cubiertas”, provisionalmente, con la capilla que el Ayuntamiento tiene cedida a la Iglesia.

Estado actual del solar donde se levantaba la ermita de Alcalá. / DA

Sorpresa del Obispado

Al Obispado le sorprende la polémica generada en torno a este asunto, pues, según recuerda Oliva, “cuando el obispo acudió a la bendición de esa capilla, explicó todo lo previsto y nadie dijo que no estaba de acuerdo”, pero insiste en aceptar reunirse con los vecinos aún escépticos “pues sería además fantástico recoger nuevas ideas y opiniones para encauzar este proyecto”.

También se preguntan algunos habitantes de Alcalá cómo es que el Ayuntamiento nunca dio el mínimo grado de protección a la ermita, alegando -tal como indicó el Consistorio a DIARIO DE AVISOS en su día- que el arquitecto que hizo el Plan General de Ordenación no le vio valor, no ya artístico, sino siquiera histórico, algo que sorprende a los vecinos más críticos, pues la iglesia ya estaba construida al final del siglo XIX y fue el edificio en torno al que se formó el barrio.

De hecho, según advierte este grupo vecinal, en una web nacional denominada Pueblos de España figura, desde antes de ser demolida, la antigua ermita como el principal monumento de Alcalá, con el siguiente texto referido al barrio isorano: “Lo más importante, además de una serie de casas del siglo XIX es, sin duda, su iglesia.

Dentro de esta, destacan el retablo mayor de tres cuerpos traído de una de las Iglesias de la Villa de La Orotava, la imagen de Nuestra Señora de Candelaria, la imagen de Nuestra Señora del Rosario, el Cristo, y las joyas de la Virgen (especialmente la candela, media luna y coronas de plata repujada)”.

Por ello, estos ciudadanos se siguen preguntando “por qué hace un año Alcalá se quedó huérfano de su querida ermita”.