El oporto, el gran vino portugués

Los vinos de Oporto siempre han tenido una gran tradición. | DA

M. I. | Santa Cruz de Tenerife

El mundo de los vinos de Oporto atrae por su historia, su complejidad y su riqueza. Sin embargo, el vino que se suele ver fuera de Portugal con demasiada frecuencia es un jarabe empalagoso y de poca calidad que abunda en los estantes de los hipermercados.

Pero el Oporto ofrece una variadísima gama de vinos generalmente dulces y elaborados de forma artesanal.

Algunos de ellos, como el Quinta do Noval Nacional, figuran entre los mejores caldos del mundo (alrededor de mil euros la botella, según la añada).

Los vinos del Douro (nombre portugués del Duero) eran en su mayoría ásperos y de calidad mediocre, razón por la cual los ingleses, que fueron los primeros en descubrirlo y comercializarlo, tuvieron la idea, a principios del siglo XVIII, de fortificarlos mediante la adición de aguardiente. Esta operación sigue siendo la principal seña de identidad de los vinos de Oporto. El aguardiente, proveniente por lo general de la región de Burdeos, interrumpe la transformación del azúcar en alcohol y confiere a los oportos su carácter dulce y licoroso (la graduación de estos vinos oscila entre el 19% y el 21% de alcohol). Los oportos se dividen en tres categorías diferentes. Los blancos, extrasecos, secos o dulces, que se toman frescos como vino de aperitivo o de postre. Y los oportos tintos, dulces, divididos en dos familias: los tawnys y los vintages. Los tawnys son vinos resultantes generalmente de ensamblajes de varias cosechas y criados en madera, en las pipas tradicionales de más de 530 litros durante al menos tres años. La edad de un tawny, 40 años por ejemplo, es la media de edad de los diferentes vinos que intervienen en su ensamblaje (en este caso unos tendrían 20 años y otros 60).

Los vintages son fruto de grandes cosechas. Se elaboran en principio sólo cuando la calidad de la uva es excepcional, algo que ocurre dos o tres veces cada diez años.

En estos casos, el vino no necesita ser mezclado. Nada, excepto el tiempo, puede mejorarlo. Sólo se crían dos años en tonel y luego se embotellan para protegerlos del aire.

Se trata de vinos concentrados, ricos en color, taninos y matices, y aptos para envejecer durante mucho tiempo, en ocasiones hasta más de un siglo.

Para completar la panorámica, están los rubys, oportos jóvenes de un rojo intenso, y los LBV (Late Bottled Vintage), que constituyen una solución intermedia entre los tawnys y los vintages.

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Los ‘oportos’ canarios

El historiador canario y exrector de la Universidad de La Laguna Bethencourt Massieu señala que los vinos canarios eran blancos, pero que, cuando se perdieron los mercados británicos, sustituidos por el oporto, introducido por la reina Catalina de Braganza, de origen portugués, en el siglo XVII se plantó por primera vez uva tinta listán en Canarias, para hacer un “falso oporto” para los ingleses. Ese vino se estima que sería muy similar a los tintos dulces que se realizan actualmente, como el Humboldt de Viña Norte.

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