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Elegancia y fino humor > Miguel L. Tejera Jordán

En el bar-cafetería El Pilón, de Buenavista del Norte, han colgado un cartel que es toda una demostración del tacto, la exquisitez, la elegancia y el fino humor de sus propietarios, Mingo y Mary. El cartel dice así: “Si va a leer el periódico más de 10 minutos… por favor, léalo en alto”. El Pilón apela, directamente, pero con educación y cortesía, a que sus muchos clientes se sirvan compartir los titulares de la letra impresa de cada mañana, de cada día. Se pueden decir las cosas de forma clara, pero no con tanta afabilidad y dulzura. Y cierta pizca de ironía…

Los lectores saben perfectamente a qué me refiero: en todos los bares y cafeterías de España, y seguramente del mundo, se ofrece la prensa diaria a los clientes para que repasen los titulares de la primera página, para que cada lector se detenga en una determinada noticia mientras se toma un café, un cortado o desayuna un bocadillo. Pero, claro, una cosa es retener el ejemplar del periódico unos minutillos de nada. Y otra, bien distinta, acapararlo dos horas. El ambiente de un bar tiene que ofrecer un entorno satisfactorio. Por ello, las cafeterías suelen agradar a sus clientes con el obsequio gratuito de las páginas de un diario. En realidad, están invitando al público a que se tome el cafelito de manera relajada; a que se alegre por el éxito deportivo del club de fútbol favorito o, inclusive, a que se detenga en la página de las esquelas, costumbre muy extendida, por cuanto la gente se entera por dicha página del fallecimiento de alguna persona conocida.

Ahora bien, reservarse un diario en exclusiva durante largo tiempo, exprimiéndole cada contenido, desde la primera a la última página, incluyendo los anuncios clasificados, pues resulta un ejercicio de poco respeto por los demás. Es un mal ejemplo, que refleja insolidaridad. Y no digamos ya si el cliente ni siquiera consume un vaso de agua…

Un vistazo breve mientras se toma uno los veinte minutos de descanso mañanero, antes de volver al trabajo, no perjudica a nadie. Y está claro que esta clase de negocios no va a comprar una veintena de periódicos que le costarían una renta. Por eso, el mensaje de El Pilón resulta tan diplomático como contundente. El mensaje es muy propio de la pareja, de Mingo y Mary -y de su personal- entregados, siempre, a satisfacer las exigencias de cuantas personas traspasan la puerta del negocio, clientes que entran, entre otras cosas, a la caza y captura de uno de los cafés más sabrosos, apreciados y genuinos de toda la Isla Baja.

El cartelito de marras me pareció de lo más oportuno, porque, con buenas palabras, sobran las explicaciones. Además, ha calado entre el público. Y me da el pálpito que la gente lo ha agradecido.

Por otra parte, en los tiempos que corren, si todos podemos compartir las malas noticias que nos ofrece la prima -pero no la prima Antonia, sino la prima de riesgo- pues qué duda cabe que también, entre todos, podremos carcajearnos de ella (no de Antonia, ni de ninguna otra prima, sino de la que se asoma cada mañana a la primera plana de los diarios, dándonos la tabarra con los dichosos puntos básicos que a tantísima gente trae de calle).

Así que chapó por los dueños de El Pilón. Y ojalá que cunda el ejemplo en todos los bares y en todas las cafeterías de todos los pueblos y ciudades de estos siete peñascos. Que buena a falta nos hace compartir la felicidad que tenemos al alcance de nuestras manos y que, sin embargo, tantas veces despreciamos…