DOMINGO CRISTIANO >

En el destierro y en la patria > Carmelo J. Pérez Hernández

Hoy he meditado que la fría realidad, ésa que se cocina al margen de las buenas intenciones y que no confunde lo que se desea ver con lo que de verdad ocurre; la cruda realidad, digo, es que este mundo tiene la apariencia de ser un inmenso acto fallido, una gran mancha negra en el expediente de nuestro Dios.

Seamos sinceros: se nos parió en los inicios de los tiempos con un amor tan rotundo que fue capaz de convertir el caos en belleza. Por generaciones sin término nos salió Dios al encuentro, sin prisas, dando margen a que la Historia pudiera hacer luego una síntesis de sus presencias. De ésas que, como un río, terminaron confluyendo en la noche santa en la que el cielo decidió rasgarse sin estruendo y confundirse con nuestra carne. En unos cuantos días, espoleado por el aliento de miles de millones de madrugadas que lo presagiaban, aquella criatura parida de noche fue conocida como nuestro señor Jesucristo, Dios mismo cerrando el círculo de sus regalos a los hombres. Su proyecto, lejos de estar acabado, se reproduce a diario con la suave brisa que se nos ha dado para que nos habite y nos haga como Dios. Espíritu lo llamamos.

Sin embargo… A menudo alegamos que en los tiempos antiguos los hombres y mujeres que nos precedieron tienen la excusa de haber existido en un periodo inmaduro de la humanización para justificar sus devaneos con el mal. Pero nosotros, ¿qué alegaremos en nuestro descargo, si a diario presumimos de estar en el momento cumbre de la civilización?

¿Civilización es esto? Ciento de millones de personas mueren sin apenas darse cuenta de que pertenecen a la raza humana. Niños sin número se secan como un suspiro antes incluso de poder mantener erguida su cabeza a causa del hambre. Apenas un puñado de personas en el universo acaparan los recursos que podrían salvar de inmediato la vida a decenas de millones de seres humanos. Y esto son sólo los clásicos, que si nos ponemos a enumerar las modernas formas de desvirtuar la civilización no habría tinta suficiente.

Definitivamente, la pregunta procede: ¿Te hemos salido mal, Dios nuestro de cada día? ¿O lo que era una porquería es tu proyecto?

“Como una semilla, como un grano de mostaza, como la más tierna rama de un frondoso árbol”, se nos contesta hoy en la Palabra de Dios. O, lo que es lo mismo: como un día sin fin, siempre inacabado, es la Historia. Toca estrenarla a cada momento, en cada segundo existe la posibilidad de darle la vuelta, de encarrilarla para que discurra por los renglones trazados por Dios aquel día primero.

No nos engañemos. Lo que haya de mierda en este mundo es lo que hemos abonado entre todos. Pero no ha muerto la esperanza, porque cada instante es el momento primero, es el tiempo de los hombres, es la oportunidad de Dios. Empezar de nuevo es lo que hacen miles de millones de personas cada día, respondiendo a la verdad que Dios nos ha inyectado en vena. No está mal hecho el mundo, ni estamos mal fabricados los hombres. Sucede que a menudo olvidamos que nuestra patria es otra y convertimos este destierro en meta. Y entonces la cagamos (¿para qué buscar otro verbo más educado cuando éste es el más adecuado?).
Volver a empezar en cada momento. Ése es el reto.

@karmelojph