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Esta semana tuvimos la ocasión de otear un espejismo del modelo económico en el que pudiera convertirse Canarias en el futuro si pudiéramos, o supiéramos, aprovechar las oportunidades derivadas de nuestra situación geoestratégica. La escala que el avión del presidente chino, Hu Jintao, hizo en el aeropuerto Reina Sofía no parece a simple vista una mera casualidad, si se tiene en cuenta que el mandatario asiático estuvo unas nueve horas en la Isla, cuatro veces más de lo que un aparato de estas características necesita para repostar y seguir su camino, de tal forma que le dio tiempo hasta de subir a Las Cañadas para apreciar las proporciones del pico más alto de España, el Teide; eso sí, después de despachar con la vicepresidenta del Gobierno del Estado, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro más canario, a la sazón de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria; un encuentro que, a juzgar por las razones esgrimidas por ambos enviados de Rajoy, más parecía una comitiva pedigüeña que otra cosa. También se dejó ver por los alrededores el presidente autonómico, Paulino Rivero, para hacer extensivo un mensaje insignificante, quizás escrito en minúsculas, al líder de la inminente primera potencia del mundo, en el sentido de la idoneidad del Archipiélago para convertirse en plataforma de proyección de los crecientes intereses africanos de Pekín en el Atlántico Medio.

Lo cierto es que Jintao fue posiblemente el representante de los participantes en la reunión mexicana del G20 que más satisfecho respiraba en la foto de familia de la cita, frente a los gestos tensos y mensajes nerviosos incluso del inquilino de la Casa Blanca, el presidente norteamericano Obama, que intenta revertir, al parecer, sin mucho éxito hasta la fecha, la crisis de los mercados occidentales. No es para menos que el señor Hu vaya por ahí con esa sonrisa serena, consciente de que su inmenso país se convierte progresivamente en el epicentro de las inversiones y los consumos internacionales. Como tampoco es casualidad que Santamaría y Soria vinieran de acompañar al Príncipe de Asturias en su visita al vecino Marruecos para participar en un foro bilateral y fomentar las relaciones económicas, ya de por sí muy avanzadas, entre ambos estados; ni que Canarias participara la semana pasada en varias convenciones y seminarios en la floreciente y próxima ciudad magrebí de Agadir, situada en una de las regiones más ricas de nuestro entorno, Souss-Massa-Drâa, o que una delegación de touroperadores y periodistas marroquíes recorrieran nuestra Comunidad para evaluar nuestra oferta turística.

Las Islas tienen un enorme valor añadido a su condición de enclave ultramarino español, como es su cercanía a África y su insólita posición en medio de las rutas transoceánicas entre este continente, América, Europa y, como prueba la escala de Jintao, Asia; lo que, añadido a su envidiable nivel de servicios hoteleros dedicados a la industria del sol y playa, podrían convertirlas también en un lugar de encuentro para el debate sobre el futuro de un mundo a cada instante más globalizado. La asignatura pendiente, una vez más, es que nuestros objetivos y campañas promocionales del manido todo incluido, que exige un territorio del que tenemos miles de kilómetros en el litoral africano, deben tornarse en un reclamo para constituirnos en un nexo intercontinental de congresos, foros y discusiones multilaterales de alto nivel para involucrar a los muy diversos sectores de los grandes flujos financieros del planeta.