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Hasta siempre, Manolo > Juan Manuel Pardellas

Ahora sí. Ya estás entre nosotros, con tu madre, tus hermanas, tus sobrinos, tus otros hermanos y compañeros de tantos y tantos años, que ayer, inconsolables, no sabían cómo ahogar la tristeza de tu marcha. Seguimos recibiendo en la redacción del DIARIO testimonios desde todos lados de España, mensajes de Chile, Argentina, Venezuela. Por segunda vez en la historia tinerfeña del Decano, tu nombre no sale en la mancheta, pero ésta es la definitiva y no, como la primera, por un error mío, sino del destino. Te adelanto que esté donde esté, ojalá durante muchos años en la Dirección de este ilusionante proyecto, o donde sea, ten la seguridad de que haré lo posible e imposible por mantener viva tu memoria, tu escuela, tu reconocimiento. No te niego que echaremos de menos tus afiladas columnas, incontestables en la forma, demoledoras en el fondo, referente en la política y la economía de las Islas, que escribías a las horas más insospechadas.

Como sabes, nuestro presidente, Elías Bacallado, ya ha decidido proponer al Consejo de Administración que, en adelante, tu nombre sea el de los Premios de Gastronomía que tu creaste y proyectaste a todo el país, prestigiando nuestra cabecera como el medio de comunicación referente en el Archipiélago y uno de los más influyentes en el mercado nacional. También empeño mi palabra en que el DIARIO seguirá liderando esa información, siguiendo la estela insobornable, objetiva, crítica e ilusionante que marcaste, siempre pendiente de que lo nuestro fuera reconocido en todo el mundo, pero con los ojos bien abiertos a lo que se hace por ahí fuera, sin creernos el ombligo del mundo, pero reconociendo las cosas bien hechas, fueran en una casa de comidas perdida o en en uno de nuestros hoteles o restaurantes más exclusivos. No ha sido ésta una semana fácil para muchos compañeros del periódico que tantos años vivieron contigo y que quisieron despedirte. Ahora ya solo nos queda el compromiso más difícil: mantener viva la llama de todo lo bueno que cultivaste con una enorme paciencia y un genio de armas tomar. Te reconozco que lo único que no sé gestionar es tu vacío, ni el que has dejado en Ani, Bernardo, José Luis, José Carlos, Juan, Jeremías, Miguel y tantos que te han llorado y para los que fuiste, sobre todas las cosas, un ser humano ejemplar. Hasta siempre.