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Luis Sosa: “El sexo burdo no nos interesa”

Luis Dorta y Bea en la tienda Momentos de La Laguna. | DA

DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz

Quedamos en la señorial calle de San Agustín, en La Laguna. A escasos metros del Obispado, entro en uno de los templos del erotismo. Me espera Luis Dorta, socio junto a Carlos Martín de las tiendas Momentos. La otra está en Santa Cruz (Robayna, 3). Nos acompaña la asesora Bea.

-Esto está en la calle del obispado. Entiendo que el crecimiento personal y la austeridad espiritual no son excluyentes…

“Por supuesto que no. Nosotros respetamos las creencias. Una cosa no quita la otra”.

-También comparten el color corporativo, ¿no les parece?

“Bueno, buscábamos un tono elegante y este [morado] nos pareció bonito”.

-¡Me voy a poner morado! Y, si me pongo ciego, en el número 69 hay una óptica…

[Risas] “No lo había vista desde esa perspectiva”.

-¿Vienen más en busca de estímulos o de complementos?

“Realmente, llegan muchas parejas buscando un revulsivo, la chispa”.

-La rutina es el viento que apaga la llama de la pasión…

“Eso dicen”.

-La psicología es clave en este negocio, ¿no?

“Sí. En un supermercado no necesitas muchas explicaciones. Aquí, uno de nuestros cometidos, aparte de vender, consiste en orientar. Es un negocio difícil de llevar, pero hemos consolidado una clientela”.

-¿El boca a boca da buenos resultados?

“Excelentes”.

-¿Qué es lo más extraño que te han pedido?

“Eso es muy relativo. ¿Extraño? No sé”.

-Lo más inusual…

“Hombre, lo más curioso puede ser alguien que pida una muñeca que llega a costar 6.000 euros. Eso es lo que más me sorprende”.

-Por muy realista que sea, le falta lo más importante: el cerebro.

“Efectivamente. Nunca suplirá una relación humana”.

-Las mujeres que visitan este tipo de tiendas ya no se tapan la cara, ¿verdad?

“No. Afortunadamente, esto ha cambiado. El público femenino estaba castigado, porque no encontraba un lugar estéticamente adecuado para ir a comprar y la variedad de juguetes no era tanta como la que hay hoy en día. Las mujeres se han incorporado plenamente. Y entre los hombres ha habido una evolución, del sexo burdo al erotismo más refinado. En Momentos, hemos renovado el concepto: sensualidad con sentimientos”.

-¿Qué tenemos de lencería?

“Tienes desde corsés hasta tangas…”

-¿Tangas? No, gracias.

“¿Y estos vestidos?”

-Esos sí. Pero no para mí, claro.

“Nosotros intentamos que la línea sea sexy y elegante”.

-Estamos de acuerdo. ¿Y esto?

[Ante el expositor de disfraces] “Los uniformes están muy demandados: enfermera, policía…”

-En mi casa tengo esposas, que no he usado…

“Eso es dejarse llevar, perder el control y que la otra persona te domine hasta el punto que uno quiera. Eso seduce tanto a hombres como a mujeres”.

-¿Y la cosmética?

“Hay artículos fantásticos”.

-¿Las feromonas funcionan?

“Lo de las feromonas es un extra. Sin unas habilidades sociales, lo único que vas a conseguir es oler bien”.

-¡Vibrador de chocolate!

“¡Que huele a chocolate!”

-¿No se come?

[Risas] “No. Hay uno que se conecta al Iphone o el MP4 y vibra al ritmo de la música, otro que se hace con hielo…”

-¿Hielo?

“En esta base pones zumo de piña colada, agua, crema de chocolate, lo que tú quieras. Y esta pieza la colocas encima”.

-¡Es un molde!

“Siempre, para una zona exterior”.

-Lógico, si el interior está muy caliente se derrite enseguida…

“Mira, la vibración de este aparatito se activa cuando suena un móvil cerca”.

-Ahora comprendo por qué algunas sonríen tanto delante del teléfono.

“Jajajajaja…”

-¿De precios qué tal andamos?

“Los vibradores más caros cuestan unos 1.000 euros. Vienen con un baño de oro o de plata. Estos productos los traemos bajo pedido”.

-¡Buen regalo!

“Desde luego”.

-¿Y ese pintalabios?

“Es un brillito que se extiende sobre los labios y al contacto con los genitales potencia el placer”.

-¿Para qué sirve esto?

“Es un anillo que te indica la cantidad de calorías que pierdes en cada relación sexual”.

-[Leo la carátula de un producto] ¡Café con leche!

“Lubricante con sabor a café con leche”.

-¿Muchos cortados?

“Y café solo”.