EL DIARIO DEL COACH >

Para qué > Andrés Brito

Te garantizo que en el instante en que sustituyas la pregunta “¿por qué?” por la de “¿para qué?” en tu conversación habitual comenzarán a sucederte cosas muy interesantes. A pesar de que, aparentemente, no hay demasiada diferencia, la distinción entre ambas expresiones no es en absoluto sutil. “Por qué” nos sitúa en el ámbito de las creencias, un nivel arriesgado en el que es sencillo que se produzca una confrontación.

Por el contrario, si preguntamos “para qué” estamos poniendo a nuestro interlocutor en la tesitura de revelar sus objetivos, la motivación que le impulsa a la acción, qué es lo que en definitiva desea conseguir. Te propongo un ejemplo evidente: si te pregunto por qué estás leyendo esta columna acaso me respondas “porque me interesa” (una creencia); si te pregunto para qué lo estás haciendo, quizá me contestes que lo haces “para aprender herramientas que empoderen mi lenguaje” (un objetivo). Este truco es útil, sobre todo cuando afrontamos una disputa, pero para que de resultado has de ser inflexible si preguntas para qué, y tu interlocutor te responde comenzando la frase con un “porque”. En ese momento lo interrumpes, le dices “no te he preguntado por qué sino para qué”, y lo invitas así a que descienda al plano de los objetivos abandonando el de las creencias.

En cierta ocasión tuve una discusión con mi hermana en la que, fruto de la tensión, ella comenzó a elevar la voz. A pesar de que le preguntaba “¿para qué gritas?” ella respondía con un “¡porque estoy enfadada!” Al ayudarla a tomar conciencia de que no me estaba respondiendo a lo que le había preguntado terminó confesando… “¡que no sabía para qué gritaba!” Y dejó de hacerlo, favoreciendo así un diálogo menos agresivo que concluyó con la resolución del desacuerdo inicial desde la razón, y no desde la emoción.

Por cierto, mi sobrinito de 7 años fue testigo de todo el episodio y, asombrado, me pidió hablar conmigo en privado cuando finalizó el incidente. El niño me dijo “¡tío, eres mágico, porque tú lo solucionas todo con la voz!” Lo formidable del coaching es que, como decía uno de mis mentores, “es una magia contagiosa” porque se puede modelar para ponerla en práctica de manera sencilla. Ya rara vez pregunto por qué: el para qué me parece mucho más interesante para dar sentido a las acciones. Pero no me creas: experiméntalo.

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