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Por todo esto > Rafael Muñoz Abad

Un miembro de mi familia, pequeño por fuera pero enorme por dentro, acudía a mí porque en el cole le habían planteado hacer un trabajo sobre los niños soldado en Sierra Leona. Me congratulo de que algún docente se preocupe por estos asuntos lejanos y olvidados. La infancia de Konu empezó a robarse aquel fatídico día en que el Frente Revolucionario Unido vio en los niños y su pureza mental la vil oportunidad de crear soldados… de doce años. “… ya eres un hombre, eres un guerrero inmortal, toma tu fusil, ya puedes matar…” La táctica era tan aterradora como brutal. Críos que eran arrebatados a sus madres y a las que con posterioridad les eran amputadas las manos, los senos y violadas delante de sus propios ojos. Konu quedó traumatizado de por vida. Convertido en un autómata de gatillo fácil cuyos acuosos ojos amarillentos eran el mejor reflejo de las muchas marihuanas que lo alimentaban. Uno más de aquella milicia de niños descalzos; de una hueste de indisciplinados que, entregados al saqueo, verían su inocencia quebrada. Los tribunales del FRU eran sencillos y el código del machete su única fuente de derecho: todo aquel que resultase sospechoso era mutilado. La muerte no tiene memoria, pero el amputado pasea el miedo: ¿… manga corta o larga…? Konu, rodeado de sus mayores, era el encargado de hacer la pregunta. En otras palabras, cortar las manos o el brazo completo, tú eliges. Si él era un soldado y un AK-47 había sustituido a los libros, Jamal era un drogadicto de diez años convertido en esclavo sexual. Con el tráfico de diamantes como verdadera causa, los rebeldes del FRU reclutaron por la fuerza a más de ocho mil chiquillos. Los traficantes de armas ucranianos hicieron el agosto, las Naciones Unidas demostraron que sirven para bien poco y Taylor se convirtió en el padrino de más de treinta mil amputados. Fútbol con muletas. ¿Me abrochas la camisa? Los niños soldado se convirtieron en una fuerza militar caótica. La mezcla de tribalismo, riquezas naturales y facciones… suele desembocar en una chusma enfervorizada y eufórica por la ingesta de alcohol, drogas y abusos. En la cepa local, unos críos armados y envalentonados que a balazos descosían el estómago de aquel que osase mirarlos mal. Según Taylor, eran los jóvenes que iban a construir una nación más justa. ¿Y dónde se quedaron las escuelas? Les aseguro que historias como la de Konu están detrás de los diamantes que cuelgan de muchos cuellos. Por esto, el Tribunal Internacional ha dictado la primera sentencia contra un jefe de Estado. Taylor pasará 50 años encarcelado por crímenes contra la humanidad.

*Centro de Estudios Africanos de la ULL | cuadernosdeafrica@gmail.com