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Problema herreño > Leopoldo Fernández

Mira uno a su alrededor y en todas partes advierte problemas. La vida misma está llena de obstáculos y contratiempos. Basta echar un vistazo al paisaje y al paisanaje para comprobarlo. Lo acontecido esta semana en relación con las comunicaciones marítimas entre Tenerife y El Hierro constituye un eslabón más de la cadena de contrariedades que de vez en cuanto se manifiesta en algunas islas periféricas con servicios públicos sujetos a vaivenes coyunturales o prestados con alguna dificultad. Los herreños tienen los mismos derechos que los demás canarios, incluso alguno más si se tiene en cuenta la doble insularidad que soportan y los inconvenientes que a veces trae consigo el abastecimiento o la movilidad por mar y aire. Así que parece razonable que los habitantes de la Isla del Meridiano, y en su nombre las autoridades herreñas, reclamen unos servicios aéreos y marítimos acordes con sus necesidades y que éstos sean prestados con frecuencias satisfactorias y a precios razonables. Salvo incidencias excepcionales e imprevisibles, tales servicios han venido funcionando razonablemente bien. Hace un mes había hasta ocho frecuencias marítimas semanales entre Tenerife y El Hierro con una ocupación media del 12%, lo que impide que el negocio sea rentable, de ahí que Naviera Armas haya anunciado su retirada. La Dirección General de Transportes ya tiene casi ultimado el concurso público para cubrir dicho destino con seis frecuencias a la semana durante tres años, prorrogables por otros tres, lo que traerá consigo una subvención de 13 millones de euros por cada anualidad, aunque una parte de las frecuencias podría realizarse sin contraprestaciones. En todo caso, es el precio pagado por los canarios en aras de una solidaridad rectamente entendida y practicada. Parece por tanto desproporcionada la protesta que ha protagonizado un grupo de autoridades herreñas, con la colaboración de algunos transportistas que vieron cómo 12 camiones con distintos productos, la mayoría perecederos, no pudieron ser embarcados, por falta de capacidad, en el puerto de Los Cristianos. Bien está llamar la atención, exigir soluciones, reclamar el restablecimiento de antiguas frecuencias si las circunstancias así lo aconsejan, o solicitar, como solución más idónea, que se declare la obligación de servicio público. Lo único que no se debía hacer es lo que decidieron llevar a cabo autoridades y transportistas al montar una algarada y obstaculizar el normal funcionamiento del barco de Naviera Armas impidiendo el desembarco de personas y mercancías. A partir de ahí, todo lo demás -ruptura de AHI con CC, amenazas de abandono del PSOE por parte de varios dirigentes herreños…- parece pura demasía cuando la mesura y el diálogo rinden mejores remedios. Los excesos identitarios y reivindicativos malogran el sentido de la proporcionalidad, el equilibrio y la razón.