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Propuestas para reformar el sistema financiero > José Alberto León

Tras muchos artículos hablando sobre el asunto, describo en este las, en mi opinión, reformas necesarias en el sistema financiero europeo, basadas en buena medida en los escritos de Xavier Sala i Martín. Las sirvo por orden de urgencia, que no de importancia. En pocas palabras, el sistema financiero europeo debe ser auténticamente europeo: con una regulación común, un fondo de garantía común, un supervisor común y un recapitalizador común.

1. Permitir que el Banco Central Europeo (BCE) pueda comprar directamente deuda pública. Hay que erradicar el riesgo de profecías autocumplidas fruto de los pánicos recurrentes que disparan la prima de riesgo. Si los ahorradores piensan que un país es inseguro, dejarán de comprar su deuda y, debido a ello y sea o no cierto que ese país es inseguro, el país suspenderá pagos. Esta medida lo evitaría. El BCE también debe garantizar la liquidez de todos los bancos de la eurozona y despejar la posibilidad de que se creen corralitos, cuyos rumores fomentan el miedo de la ciudadanía.

2. Supervisión independiente y creíble. Los activos del sistema financiero deben ser valorados inmediatamente por auditores con credibilidad. España no es el único país con activos sobrevalorados, pues en media Europa aún están digiriendo los productos financieros derivados de las hipotecas basura. Nadie sabe ni el riesgo ni el valor de esos activos en cada entidad financiera. Pero tarde o temprano, toda esa basura saldrá a flote y ocurrirá lo que ahora en España. Para conocer el valor real de los activos a corto plazo se debe contratar servicios de auditores externos independientes y creíbles, tal y como ha hecho España. A medio plazo, de esta función se debe encargar el BCE.

3. Creación de un Fondo de Rescate Europeo para los bancos sistémicos (cuya caída puede afectar al sistema en su conjunto). Los bancos sistémicos no se pueden dejar caer. Sus interrelaciones con el resto de entidades financieras, con las empresas, hogares y administraciones públicas son de tal calibre que la economía tardaría muchos años en recomponerse tras la quiebra de un banco de gran dimensión. Dado que los fondos necesarios para su rescate pueden exceder de las posibilidades de cada Estado, habría que crear un Fondo de Rescate Europeo para bancos sistémicos. Mientras se crea, puede utilizarse con ese fin el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, que tiene mucho dinero pero no se usa para nada.

4. Creación de un Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) a escala europea, para garantizar a los depositantes que su dinero (hasta 100.000 euros) está asegurado. Algunos países pueden tener dificultades para afrontar las garantías a los depositantes a través de su FGD nacional. Por lo tanto, habría que crear un FGD europeo que se haga cargo de las quiebras bancarias en toda Europa. Con esta fórmula se evita además penalizar a los Estados que tienen un sistema bancario debilitado. En el futuro, no serían los contribuyentes, sino el propio sistema bancario (a través del FGD europeo) el que se hiciera cargo de las quiebras bancarias.

5. Una vez creado ese FGD europeo, lo siguiente sería dejar caer los bancos pequeños. El FGD cubriría hasta 100.000 euros por depositante en esos bancos, lo que tranquilizaría a la mayor parte de los ahorradores y saldría más rentable que rescatarlos. Los accionistas y tenedores de bonos de esos bancos pequeños, así como el resto del sistema financiero (a través del FGD), deberían pagar por su quiebra, y no los contribuyentes y Estados. En EE.UU., las autoridades dejaron quebrar 350 pequeños bancos entre 2009 y 2011 sin escenas de pánico bancario ni retirada masiva de depósitos de las entidades. No malgastemos más dinero público en ellos.

6. Con todo eso, crearíamos un nuevo sistema financiero auténticamente europeo donde la regulación, la supervisión y la recapitalización estuviera en manos de Europa y no de los países individuales. Todos los bancos centrales nacionales desaparecerían y el único banco central sería el europeo.

7. Introducción de un euro impuesto sobre la deuda bancaria. Ojo. Sobre la deuda, no sobre las transacciones bancarias (la llamada tasa Tobin), que es una mala idea a menos que se aplique simultáneamente en todo el mundo. Si los bancos sistémicos no pueden quebrar, sus dirigentes se arriesgarán y endeudarán demasiado basados en esa confianza, lo que acabará por generar la próxima crisis financiera. Para limitar este problema, se debería crear un nuevo impuesto europeo para financiar el fondo de rescate europeo, que rescataría bancos sistémicos en el futuro. El nuevo impuesto gravaría la deuda y el riesgo asumido por los bancos, con tipos impositivos ligados a las primas de riesgo que deben pagar los bancos para asegurar su deuda. De este modo, los bancos más irresponsables pagarían más y los más responsables menos, y se fomentaría el comportamiento responsable.

8. Unión fiscal europea y Gobierno europeo. Europa debe caminar hacia la unión fiscal. Sin embargo, el camino para ello no es emitir inmediatamente eurobonos. Lo primero es crear la unión fiscal, y sólo cuando esta esté formada se crearán eurobonos. La creación de eurobonos sin una unión fiscal previa reproduciría de nuevo los problemas generados al crear el euro sin instituciones que lo respalden, y permitiría a los países indisciplinados seguir financiando déficit hasta poner en peligro el conjunto de Europa.

La forma más eficaz, rápida y democrática de crear esa unión fiscal es elegir un Gobierno europeo que la gestione y que responda ante los europeos por ello. Hace falta una institución con el respaldo democrático de las urnas que actúe en función de los intereses europeos, y no de los nacionales.

La solución a esta crisis pasa por más Europa, y no menos. El euro no puede funcionar adecuadamente sin instituciones europeas que lo respalden, así que habrá que crearlas, pues es menos arriesgado y más barato terminar de crear los mecanismos de buen funcionamiento del euro que afrontar los desastres de una marcha atrás y vuelta a las monedas nacionales.

Así, la crisis debería convertirse en una oportunidad para avanzar en una unión europea más fuerte y que hable con una sola voz, y acabar con la cacofonía e inacción que reina en la actualidad.