escaño cero >

Psiquiatras para Afganistán > Julia Navarro

Sí, ya sé que es muy importante la decisión del presidente de Francia, Francois Hollande, de que sus conciudadanos se puedan jubilar a los sesenta, o la propuesta de la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, de reducir el número de parlamentarios en la Asamblea de Madrid, sin olvidar el escándalo de los viajes del Sindic de Greuges (Defensor del Pueblo de Cataluña), que quiere convencernos de que ir a las Bermudas es importantísimo para su función, o de la desmoralización que mostramos los ciudadanos en las encuestas del CIS. Estas y otras cuestiones ocupan las primeras páginas de actualidad y forman parte de las conversaciones cotidianas, pero les confieso que yo estoy impactada por otra noticia, una noticia que no es la primera vez que aparece en los medios de comunicación aunque siempre sin darle el relieve que merece. Me refiero al atentado en Afganistán de un grupo de talibanes contra una escuela de niñas. El atentado ha consistido en intentar envenenarlas a través del agua. No sé a ustedes, pero a mí este suceso me ha estremecido. No es la primera vez que sucede. De cuando en cuando los talibanes atacan las escuelas de niñas. Me pregunto qué grado de perversión mental domina a estos hombres que consideran un pecado que las mujeres reciban educación y puedan asistir a las escuelas. Sí, hablo de perversión porque solo una mente diabólica y perversa puede llegar a perpetrar un atentado contra unas niñas indefensas. Creo que en Afganistán, además de un problema político, hay un gravísimo problema siquiátrico. Es más, me pregunto si en vez de mandar soldados no deberíamos enviar siquiatras para tratar a estos perturbados. Por eso, se me pone el cabello de punta cuando escucho que hay dirigentes políticos que defienden que hay que negociar con los talibanes. La política de apaciguar a la bestia ya la intentaron los británicos con Hitler en los meses previos a la II Guerra Mundial, y como bien sabemos esa política fue un fracaso. No se puede razonar con monstruos, Hitler lo era, y los talibanes lo son.

Por eso, propongo a nuestro ministro de Defensa que se traiga a nuestros soldados de Afganistán y envíe un destacamento de siquiatras para ir tratando médicamente a esos monstruos desalmados. Cuesta imaginar un acto de mayor locura y crueldad que el de intentar envenenar a unas niñas. Lo peor es que no es la primera vez y previsiblemente no será la última. El odio que los talibanes sienten por las mujeres es enfermizo y yo no me termino de explicar cómo es posible que aniden tanto odio.

Consideran a las mujeres seres impuros y contaminantes y les niegan cualquier derecho. Para los talibanes las mujeres son poco más que bestias de carga, de ahí que se rebelen a que puedan ser educadas. Es tan grande la locura y la maldad que demuestran que cada día creo menos en que haya una solución para Afganistán. Ese país no tiene un problema político ni tribal, tiene un gravísimo problema siquiátrico. Y lo que digo no es una boutade.