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¿Qué hay al otro lado?

En 1890 salen a la venta tableros de este peculiar juego de mesa. / DA

POR JUANCA ROMERO HASMEN

¿Quién no ha escuchado historias sobre el famoso tablero Ouija?, ese mal llamado juego en el que supuestamente se consigue una vía de comunicación con los difuntos, con las almas perdidas de muchos de los que se fueron. Y es que en torno a la Ouija existen muchas mentiras y algunas pocas verdades mal explicadas, un cúmulo de confusiones que han conseguido también mitificarlo y colocarlo en un escalón que al igual no se merece. Lo propio es hacer un poco de historia e intentar dar luz a tanta oscuridad. Se trata de un tablero en el que están escritos las letras del abecedario y los números del 0 al 9, acompañados de la palabra sí y no. La idea inicial de esta tabla proviene del Antiguo Egipto, época en la que existía un dispositivo similar aunque mucho más tosco consistente en un anillo de piedra que se mantenía suspendido en el aire mediante un hilo sujeto por la persona encargada de oficiar aquel insólito ritual. El aro de piedra -a modo de péndulo- oscilaba sobre una piedra en la que se encontraban marcada diferente simbología. De cualquier modo me permito poner en cuarentena esta referencia al Antiguo Egipto, ya que no se han podido contrastar y anexar estos datos, y si nos atenemos a la descripción del sistema, dista en mucho con la Ouija, más bien parecería otra cosa diferente. También Pitágoras en el año 540 A.C. inventó una mesa provista de pequeñas ruedas y que algún tipo de supuesta entidad la hacía desplazarse interpretándose esto como mensajes del más allá. También en determinadas épocas históricas de China o países tan dispares como el Congo, aparecen referencias a dispositivos de la misma condición. Pero sin lugar a dudas, es en el siglo XIX cuando la Ouija se convierte en un objeto del deseo para muchos, comercializándose las primeras tablas de forma oficial en 1890 y alcanzando records de ventas en los años coincidentes con la Primera y Segunda Guerra Mundial ya en el siglo XX. Esto ocurre por el deseo latente de los familiares de las personas enviadas al frente por saber que destino habían corrido sus heróicos hijos, esposos, padres, etc. Es en 1966 cuando la afamada empresa Parker Brother compra los derechos sobre el mal llamado juego de la Ouija y se dispara el número de elementos vendidos en todo el mundo así como la variedad en diseños, encontrándonos actualmente con auténticas y estrambóticas reliquias. Por entonces, se comercializaba como un inocente juego de mesa en el que el jugador buscaba su yo interior de forma individual o en sesiones colectivas muy frecuentadas y en las que se dice que se producen fenómenos paranormales. El término Ouija viene de la mezcla de una misma palabra escrita en dos idiomas; Oui, Sí en francés, y Ja, Sí en alemán. Curioso que sea una afirmación la que denomine a la que por muchos, se considera la tabla maldita o de los muertos. ¿Realmente se puede contactar con los difuntos o supuestos demonios a través de la tabla Ouija? La respuesta no puede ser rotunda en ninguno de los casos, e, inevitablemente, toca hacer un ejercicio de responsabilidad y formación en este campo específico de las denominadas ciencias de frontera en las que se encuentra enclavada la parapsicología. En los últimos diez o quince años he tenido la ocasión de hablar con más de un centenar de personas que la han practicado, desde personas anónimas guiadas por la curiosidad, hasta reputados hombres y mujeres relacionadas con el ámbito de la docencia, la investigación e incluso la iglesia. Yo mismo en un par de ocasiones -y hace de esto muchos años- participé en sendas sesiones Ouija ciertamente frustrantes para mí. A pesar de tanta información recibida durante este tiempo, y de haberme podido entrevistar con los mejores investigadores sobre la Ouija, no me veo capacitado para dictar un juicio, para poner rotundidad en cualquier manifestación que haga.

Pero algo sí que es evidente y no lo contradice ningún frente de opinión sobre el asunto; la Ouija no es peligrosa por sí misma, lo que la convierte en dañina es la persona que se sienta en torno a ella y guiada por las directrices de quien ejerce de médium o directamente arrastrado por una debilidad emocional latente, cae en las redes de la sugestión. La sesión Ouija se practica habitualmente en lugares tranquilos, alrededor de una mesa en la que se coloca el tablero y con los participantes sentados en torno a él. Cuentan los defensores de esta práctica, que las personas que participan en la sesión deben acudir a ella con un mínimo de confianza y debe dar la espalda al miedo. El contacto, tras una fase de relajación mental, comienza con una pregunta, habitualmente la tan sonada “¿Hay alguien ahí?”. Si se obtiene una supuesta o interpretada respuesta, a partir de ese momento se da por establecido el contacto. Soy consciente de que mi opinión sobre la práctica Ouija no es muy popular entre los usuarios del tablero. Me declaro abiertamente contrario a su práctica pero no por sus demostrados peligros relacionados con las debilidades de la psique, sino más bien con la presencia de auténticos estafadores que utilizan esta vía para saquear a los incautos y muchas veces necesitados de respuestas. Los aprovechadores están al acecho y entre sus manos la más peligrosa de las armas en estos tiempos que corren; la manipulación. Los difuntos no juegan con tablitas ni se hacen colegas de estafadores. El contacto con nuestros desaparecidos, si es posible, siempre será bajo el amparo de la fe individual y nunca bajo las directrices de los que se autodenominan portadores de la verdad.