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En el Club de buceo El Pejín (Tabaiba) puedes sumergirse en las profundidades del Atlántico y descubrir todos los misterios que esconde. | FRAN PALLERO

SANTY TORRES | Santa Cruz de Tenerife

Las legendarias sirenas no se equivocaban, el mar te proporciona una sensación de libertad imposible de equiparar con nada. ¿Por qué no disfrutar entonces de un chapuzón más profundo de lo normal en estos meses tan calurosos? El buceo es un verdadero antiestresante natural, con él, conseguimos evadirnos de la rutina diaria y adquirimos una impresión de soledad con nosotros mismos imposible de describir con palabras. De hecho, cientos de poetas han dedicado bellos versos al entorno marino, mostrando así al mundo las maravillas que esconde. La fantasía y la realidad convergen en una misma conclusión: el mar es digno de ser adorado.

Manuel González Beltrán preside el Club de buceo El Pejín en Tabaiba, un centro que lleva once años enseñando los secretos que oculta el fondo oceánico a los más aventureros. Manuel defiende que esta actividad “despierta todo un mundo desconocido” y que “cambia la filosofía de vida”, ayudando a concienciar más a la gente en los problemas marinos. Este formador asegura que la mayoría de las personas “no conoce” la cantidad de basura que alberga el mar, y todo lo que ésta perjudica a sus ecosistemas. Por este motivo, el submarinismo te despierta unas especiales “nociones de ecología y respeto al medio”, subraya.

No es de extrañar que muchos decidan repetir la experiencia y se inscriban en sus clases para poder sumergirse cuantas veces deseen. Este formador asegura que el club funciona muy bien porque “engancha mucho”, aunque es cierto que normalmente “no hay iniciativa desde cero”. Con estas palabras, Manuel aclara que la mayoría de la gente que asiste a uno de sus cursos de iniciación (denominado como bautismo de buceo) llegan motivados por un amigo o familiar que le ha contado previamente la experiencia.

Pero, hay que reconocer que el vasto océano impone a cualquiera, algo que Manuel ha comprobado en sus largos años de experiencia. Sin embargo, remarca que una vez te sumerges y compruebas que el mar es “abierto y claro” se te olvidan todos los temores y empiezas a disfrutar. “Cualquiera puede bucear, es una actividad muy fácil y básica” mantiene. Y no le debe faltar razón, porque ha llegado a enseñar a bucear a alumnos que ni siquiera sabían nadar. Todo un logro, y bastante inusual.

No cabe duda de que esta actividad está por descubir para muchos. Si este verano no hay grandes planes fijados, el buceo puede ser una opción asequible y muy amena. Sólo hace falta un bañador, una toalla y sobretodo, muchas ganas de disfrutar. La sensación de ingravidez, el silencio y la belleza marina al alcance de todos. Una experiencia sencillamente única.