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Banco Federal de Europa > José Miguel González Hernández

Hace tiempo, en una galaxia no muy lejana, el dinero en circulación estaba respaldado por reservas de oro en poder del Banco Central del país que emitía moneda. Así, no debía haber más dinero en circulación que la correspondiente cantidad en oro, dependiendo el valor del dinero de esto. En la actualidad, esto no sucede. Las monedas no se encuentran respaldadas por ningún activo sino por el propio PIB. Teniendo claro que el valor del dinero es un acto de fe, las empresas aceptan entregar sus bienes y servicios a cambio de él. Por tanto, para que una moneda no pierda valor tiene que estar respaldada por la cantidad de bienes y servicios que la sociedad puede producir. Por esta razón, más de una persona se pregunta que, si lo que nos hace falta es dinero, por qué no se le da al botón de la maquinita y empiezan a salir billetes de 500 euros. De esa forma el dinero en circulación aumentaría, pero ¿eso quiere decir que todos de repente seamos más ricos? El razonamiento sería el siguiente: si aumenta el dinero en circulación aumenta la renta disponible que puede ser destinada al mercado, incrementando la demanda. Una vez que aparezca el exceso de demanda, provocará que aumenten los precios y aparece la temida inflación. Y cuando se habla de inflación, se despierta el Banco Central Europeo (BCE). Éste tiene sede en la ciudad alemana de Fráncfort y tiene como misión principal la de gestionar el euro para fomentar la estabilidad de los precios a través de una inflación bajo control. También es responsable de fijar las líneas de la política monetaria de la zona euro en coordinación con la política económica propuesta por los órganos de gobierno de Europa. Para ello, se trabaja de forma conjunta con los bancos centrales de los 27 países de la UE, de forma que todos ellos configuran el Sistema Europeo de Bancos Centrales. Las funciones son las de establecer los tipos de interés para la zona del euro, así como la de controlar la oferta de dinero. Para ello debe gestionar las reservas de divisas con el fin de mantener el equilibrio de los tipos de cambio. De igual manera, se supone que debe ayudar a garantizar que las autoridades nacionales supervisen adecuadamente los mercados e instituciones financieras y que los sistemas de pago funcionen bien. Para llevar a cabo dichas funciones, el organismo regulador se dota de un Comité Ejecutivo, el cual supervisa la gestión diaria. De igual modo, se configura un Consejo de Gobierno, el cual define la política monetaria de la eurozona y fija los tipos de interés a los que los bancos comerciales pueden obtener dinero del propio BCE. El Consejo está formado por el Comité Ejecutivo y los gobernadores de los 17 bancos centrales nacionales de la eurozona. Por último, para contribuir al trabajo consultivo y de coordinación, así como para preparar la adopción del euro en nuevos países, se creó el Consejo General, formado por el presidente y el vicepresidente del BCE y los gobernadores de los bancos centrales nacionales de los 27 países de la UE.

Se supone que el Banco Central Europeo es totalmente independiente y todas las instituciones y gobiernos de la UE deben respetar este principio. Pero realmente el BCE guarda celosamente la competitividad de determinadas regiones de la UE cuando lo que debería hacer es proseguir con la política de disminución de los tipos de interés, comprar de deuda soberana en el mercado secundario para así desinflar los costes financieros de los Estados y potenciar las subastas de liquidez con compromisos de potenciar la velocidad de circulación de la moneda para que ésta no se atesore en depósitos especulativos. Pero el BCE no está diseñado para anticipar, sino para responder. Va siendo hora de que alguien le ponga las pilas y de que usen los más de 300.000 millones de euros en concepto de depósitos para algo más interesante de lo que se está haciendo hoy.

*Director del Gabinete Técnico de CC.OO. en Canarias

José Miguel González Hernández